Un ejército heterogéneo: El Cuerpo de Ejército de Euzkadi
(Parte I)

1. Introducción

El presente trabajo tiene como objetivo identificar las diferentes identidades colectivas que coexistían en el Cuerpo de Ejército de Euzkadi durante la última contienda civil en el País Vasco (1936-1937). Para ello, realizaré una aproximación teórica sobre la identidad y su construcción al ser el concepto de la identidad ampliamente discutido en los últimos años en el ámbito de las ciencias sociales. A partir de la reflexión teórica pasaré a examinar en diferentes puntos los referentes identitarios, elementos culturales propios de un grupo, que considero importantes en la construcción e identificación de la identidad: la historia y prácticas colectivas, el lenguaje, las creencias y la producción simbólica. En un último punto expondré las conclusiones.

La hipótesis inicial de trabajo es la siguiente: frente a la idea de uniformidad que nos transmite el concepto ejército, el Cuerpo de Ejército de Euzkadi se caracterizó por su heterogeneidad a todos los niveles: uniformes, banderas, creencias…. La heterogeneidad ya venía marcada con el proceso modernizador que vivía el País Vasco desde el último tercio del siglo XIX y que conformaba entre la población una multitud inimaginable de combinaciones en matices y variables identitarias personales/colectivas. Al constituir una gran parte importante de esta población las milicias populares, tras el golpe militar de julio de 1936, y que con el paso de la guerra será el Cuerpo de Ejército de Euzkadi, me espero encontrar con la existencia de grupos identitarios diferenciados dentro del ejército. Los individuos de los grupos tendrán elementos identitarios de preguerra, con algunos toques militares, comunes que les diferenciará del resto de conjuntos. Frente a los esfuerzos del Gobierno Provisional de Euzkadi en dotar de uniformidad identitaria al ejército (bandera, himno, uniforme…) éste fracasará rotundamente en su intento.

Combatientes vascos con las enseñas del Euzko Gudaroztea

Combatientes vascos con las enseñas del Euzko Gudaroztea
Fotografía de Chim (David Seymour)
En: http://laimagendelsiglo.blogspot.com.es

Un trabajo como éste presenta una relevancia social pero también científica. La relevancia social es clara pues la historia nos ayuda a comprender las estructuras actuales de lo social, por lo tanto, al planteamiento del futuro. Respecto a la importancia científica, el trabajo busca cubrir una laguna de desconocimiento en un episodio histórico reciente que ha carecido de estudios monográficos. Esto último implica también cierta originalidad a la hora en la elección del tema.

También reseñar que algunos topónimos, términos o nombres siguen la grafía según los documentos de época o se han visto modificados a la terminología actual en euskera. Señalar que por socialistas se entiende al Partido Socialista Obrero Español (PSOE) en su conjunto, independientemente del ala moderada de Indalecio Prieto o la revolucionaria de Largo Caballero. Por último, aunque las fuentes documentales y bibliográficas constituyen una parte importante del trabajo, hay otras fuentes como las fotográficas o materiales que son fundamentales para entender aspectos como la producción simbólica o los uniformes.

2. De la identidad personal (yo) a la identidad colectiva (nosotros)

A pesar de ser un concepto muy empleado el de la identidad en las ciencias sociales como en política, especialmente en el caso vasco, no se suele precisar qué se entiende por ésta. En los últimos años desde el ámbito de las ciencias sociales ha sido ampliamente discutido, por ello, este trabajo implica precisar qué es lo que yo entiendo por el término de identidad según mis lecturas.

La identidad se podría definir como “un sentimiento de mismidad y continuidad que experimenta un individuo en cuanto tal” (Erickson, 1977), es decir, “la conceptualización que la persona realiza de su continuidad como sujeto y de los atributos que la caracterizan y la diferencian con relación a otros seres humanos. Es un producto de la actividad reflexiva. Es el concepto que el individuo tiene de sí mismo como un ser físico, social, espiritual y moral” (Carozzi, 1992). Sin embargo, la construcción de sí mismo es en base a la interacción con otros individuos, dentro de un marco histórico concreto, adquiriendo el artificio un carácter social relevante. Precisamente es este carácter social lo que ha llevado a teorizar sobre la identidad social (Tajfel y Turner, 1979) y la identidad colectiva.

La identidad social se define como “la categoría de persona adjudicada a un individuo mediante mecanismos de autoatribución y atribución por otros, en el curso de la interacción” (Carozzi, 1992). Se produce así la ordenación del entorno a través de categorías o estereotipos reconocidos y compartidos por los miembros de la sociedad agrupando a los individuos de ésta con alguna característica similar; aludiendo “a rasgos de personalidad como simpáticos, huraños, sinceros, características físicas –altos, fuertes, rechochos-, conducta social como; trabajadores, vagos, responsables, al género; los hombres, las mujeres y sobre todo, a los grupos étnicos; gitanos, judíos, polacos y a los grupos nacionales; alemanes, franceses, italianos” (Aguirre, 1999). Sin embargo, los estereotipos no dejan de ser categorías simplistas, porque no contienen siempre los rasgos reales de los grupos, porque son solo creencias y también porque el hecho de clasificar a los grupos implica una discriminación (Maldonado y Hernández, 2010).

Recorte de Gudari del 27-3-1937

Texto publicado en la revista nacionalista Gudari del 27 de marzo de 1937, página 29

Sin embargo, cuando los miembros de una sociedad se perciben así mismo como similares y realizan una definición colectiva interna, nos encontramos ante otro nivel identitario: la identidad colectiva o también llamada cultural. La identidad colectiva es “la definición que los actores sociales hacen de sí mismos en cuanto que grupo, etnia, nación, en términos de un conjunto de rasgos que supuestamente comparten todos sus miembros y que se presentan por tanto, objetivados, debido a que uno de los procesos de formación y perpetuación de la identidad colectiva radica precisamente en que se expresa en contraposición a otro u otros, con respecto a los cuales se marcan las diferencias.” (Piqueras, 1996). La identidad colectiva se nos presenta entonces como una construcción sociocultural, no es una esencia que existe por sí misma, que “solo cobra existencia y se verifica a través de la interacción: es en el ámbito relacional, en el de inter-reconocimiento, donde las distintas identidades personales que vienen delineadas por una determinada estructura social se consensuan –se reconocen mutuamente, terminándose de conformar-. Y se enfrentan a su aceptación o rechazo” (Piqueras, 1996). La cultura, entendida como “un sistema de creencias, valores, normas, símbolos y prácticas colectivas aprendidas y compartidas por los miembros de una colectividad” (Maldonado y Hernández, 2010), el marco de las relaciones sociales de los individuos que la forman y juega un papel fundamental en la construcción de la identidad colectiva al nutrir de mencionados elementos a ésta.

En el proceso de construcción de la identidad (personal, social, colectiva/cultural) hay que destacar la creación de ésta a partir del enfrentamiento de lo ajeno con lo propio. La construcción del yo o nosotros es en base a la afirmación de lo propio y la negación de lo ajeno. También es importante reseñar que el tema de la identidad no se puede tratar de forma aislada al conformar los individuos los diferentes niveles de identidad en relación a individuos/grupos ajenos a ellos. El contexto social tanto micro como macro juega un papel muy importante al condicionar los niveles de identificación en función de la coyuntura histórica.

En lo que concierne a los referentes identitarios, los elementos culturales propios de un grupo, destacaré los siguientes en mi trabajo: la historia, las prácticas colectivas, la lengua, las creencias y los símbolos.

3. Utilización de la historia y prácticas colectivas

“Toda comunidad humana tiene un pasado que excede al pasado individual, a la memoria biográfica de cada uno de sus miembros, a la que envuelve y conforma en gran medida. Y la conciencia y concepción de tal pasado comunitario del grupo constituye un elemento inevitable de sus instituciones, valores, ideas, ceremonias y relaciones con el medio físico y otros grupos humanos circundantes. Aquí reside la necesidad de tener una conciencia del pasado comunitario y la función social de esa misma conciencia en el seno del grupo, como elemento de identificación y de orientación dentro del contexto natural y social donde se encuentre emplazado” (Moradiellos, 2009).

Un elemento esencial para entender la importancia de la historia en la conformación y sustentación de las diversas identidades que coexisten en el Cuerpo de Ejército de Euzkadi fueron los nombres de sus batallones. Aunque los batallones socialistas, republicanos, anarquistas o comunistas tenían una denominación que hacía referencia a personajes históricos actuales (Rosa Luxemburgo, Buenaventura Durruti, Fermín y Galán, Sacco y Vanzetti, Isaac Puente, Martínez Aragón, Enrico Malatesta…), esto respondía más en su contexto histórico a un homenaje de sus mártires, tratado en el último punto de este trabajo, o a sus grandes teóricos políticos. Sin embargo, en los batallones nacionalistas vascos se añadió a la martirología y culto a sus teóricos el nombre de diferentes sucesos, lugares o construcciones medievales del pasado importantes para los jeltzales. Así encontramos entre sus nombres los episodios históricos, verídicos o inventados pero que conformaban el horizonte identitario de aquellas personas, relacionados con los enfrentamientos bélicos de las tropas bizkainas o navarras ante la invasión de los ejércitos castellanos: Padura/Arrigorriaga, Gordexola, Otxandiano, Mungia o Amayur. Por ejemplo, el periódico jeltzale por excelencia, Euzkadi, presentaba una sección titulada Efemérides Patrióticas y comentaba lo siguiente respecto al 467 aniversario de la batalla de Mungia durante la última contienda civil:

“Que nuestros gudaris tengan los ojos fijos y el pensamiento puesto en el heroico proceder de nuestros mayores que en el año 1470 escribieron una de las más brillantes páginas de nuestra historia patria. Y con ello, fuerte el brazo y animosos todos para la lucha, con la ayuda de Jaungoikua, de Euzkadi eterno Señor, lograremos demostrar que los gudaris del siglo XX son dignos sucesores y saben honrar la memoria de aquellos esforzados vascos que derrotaron al enemigo sobre los campos de Mungia.”
(Euzkadi, 24/07/1937).

Otros batallones conformados por miembros del Partido Nacionalista Vasco (PNV) harían referencia a construcciones defensivas medievales del País Vasco con especial significación para la ideología nacionalista (Muñatones, Martiartu, Avellaneda, Aralar) o episodios históricos que muestran el carácter subversivo de los bizkainos ante las pretensiones del poder centralizador de la corona española (Rebelión de la Sal). Esta diferencia entre los batallones de conjunción republicano-socialistas frente a los nacionalistas vascos viene a mostrar la importancia que juega la historia en la conformación de la identidad nacional, una historia que puede ser inventada o reinterpretada pero que adquiere especial significación en las ideologías nacionalistas que requieren de ella para la construcción de una nación y de un sentimiento de pertenencia a ésta (Anderson, 1993; Hobsbawm y Ranger, 2002).

Lejos de los nombres de los batallones, que indican una preeminencia de los nacionalistas vascos por el empleo de la historia, sus compañeros de armas también harían uso del pasado para alentar a sus hombres. Por ejemplo, en una alocución del General Miaja a los vizcaínos se alude al sitio de Bilbao, acaecido unos 100 años antes, en el que se expresó lo siguiente:

“darles aliento en la pelea, que tengo la seguridad de que descendiendo de los que lucharon contra Zumalacárregui por la libertad, no teméis las balondradas lanzadas en su proclama por el general faccioso Mola”
(El Liberal, 09/04/1937).

Se recurría así a la profusión y consolidación del mito de la ciudad liberal e invicta de Bilbao que ya se enfrentó contra el tradicionalismo, suceso histórico que en la época presentaba un gran calado social e identitario manifestado en la conmemoración anual del suceso analizado por Luis Castell (Castell, 2012).

Gudaris asistiendo a una misa de campaña

Gudaris asistiendo a una misa de campaña en el caserío Alipasua de Berriatua, Markina (Bizkaia), invierno 1936-37
Fotografía de Chim (David Seymour)
Fotografía en: http://laimagendelsiglo.
blogspot.com.es

La historia y las fechas dan lugar a una serie de prácticas colectivas, “actos pautados, repetitivos, que cohesionan y vertebran al grupo” (Aguirre, 1999), que también juegan un papel fundamental a la hora de conformar y sustentar las diferentes identidades que coexistieron en el ejército vasco: conmemoraciones, concentraciones… En este caso también el nacionalismo vasco destacó en comparación con sus compañeros de armas. El periódico Euzkadi y La Tarde reproducen numerosas noticias que aluden a prácticas colectivas católicas (misas, funerales y procesiones) o las concentraciones propias del nacionalismo vasco (Aberri Eguna) que vienen a mostrar la importancia del componente católico en el País Vasco frente a otras partes de la República Española. A las prácticas colectivas católicas mencionadas se sumaría la celebración de la Navidad y la Semana Santa. En lo que concierne a los soldados republicano-izquierdistas el componente católico no jugó un papel tan importante pero no por ello dejaron de celebrar, por ejemplo, la conmemoración del uno de mayo o del 14 de abril de 1931.

4. El lenguaje

La cuestión lingüística es considerada un referente identitario esencial, ya que el lenguaje es un sistema de comunicación entre los seres humanos que “implica el empleo de signos, señales, sonidos, símbolos, estructuras pronunciadas. Entre los animales por ejemplo, también hay un sistema de lenguaje, sin embargo la diferencia sustancial entre la comunicación de los animales y la del ser humano es la capacidad por parte del ser humano de producir e incrementar los artificios racionales que mejoren la capacidad de comunicación entre los seres humanos” (Zuñiga, 2010). En esta definición hay que destacar dos elementos: la comunicación interna/externa del grupo y la creación de un entramado simbólico. Las comunidades van generando un lenguaje escrito, hablado y gestual para la interacción de los miembros del grupo tanto de forma interna como externa que condiciona el ser de cada individuo, creando un entramado simbólico que se expresa en elementos como la narración, la poesía o la música.

Debido a la trayectoria histórica del País Vasco encontramos dos lenguas, el castellano y el euzkera, que coexisten de forma diferenciada por la geografía vasca a la altura del golpe militar del 18 de julio. La lengua era tan importante en el ejército y la sociedad que periódicos como El Liberal se preguntaba:

“¿No sería cosa de ir pensando en el saludo único? Ya parece que hay mando único, disciplina única y plato único. Convendría, además, unificar el saludo, que todavía es diverso y no está sometido a disciplina; como se dice ahora con evidente abuso está sin controlar. (…) Los nacionalistas –repito, reanudando la ilación de esta nota- dicen “!abur!”; los marxistas, “!salud!”, y los demás, republicanos y público en general, el tradicional “!adiós!”.”
(El Liberal, 27/02/1937).

Ya con la llegada de la guerra se popularizarían términos vinculados a ésta y poco empleados hasta entonces, por ejemplo, el término gudari para referirse a los combatientes nacionalistas vascos milicianos, frente a la palabra tradicional de soldatu (soldado), que en su conjunto formaron el Euzko Gudaroztea (Ejército Vasco). Por el contrario, el resto de componentes no nacionalistas vascos prefirieron definirse como milicianos, conformando tiempo después con los batallones nacionalistas vascos el Euzkadiko Gudaroztea (Ejército de Euzkadi). El euzkera solo fue preceptivo en las unidades nacionalistas vascas del Euzkadiko Gudaroztea, hasta un cierto punto en unidades con predominio de componentes castellano-parlantes, y en los demás grupos se desconocía o se hablaba a uso particular (Talón, 1988). Por último, señalar que durante la Guerra Civil apareció por primera vez el primer diario íntegro en euzkera: Eguna.

Lendakaritza - Presidencia. Sede del Gobierno Vasco en 1936

Lendakaritza – Presidencia
Sede del Gobierno Vasco, Bilbao 1936
Lendakari Jose Antonio Aguirre y demás autoridades
Fotografía en: http://ianasagasti.blogs.com

Desde el golpe militar del 18 de julio de 1936 hasta la constitución del Gobierno Provisional de Euzkadi, en octubre del mismo año, la utilización del euzkera en la administración fue escasa como demuestran los documentos. No será hasta la formación del Gobierno Provisional de Euzkadi, con el jeltzale José Antonio Aguirre como lendakari y consejero de defensa del mismo, cuando se impone el bilingüismo desde arriba. “El euzkera será como el castellano lengua oficial en el País Vasco, y, en consecuencia, las disposiciones oficiales de carácter general que emanen de los Poderes autónomos serán redactadas en ambos idiomas. En las relaciones con el Estado español o sus autoridades el idioma oficial será el castellano” (BOPV, 09/10/1936). Esta cooficialidad de ambos idiomas quedó regulada con las siguientes normas: la publicación y notificación en ambos idiomas de las resoluciones oficiales, reconocimiento del derecho de los vascos a elegir el idioma en su relación con la administración, la obligación de traducir al castellano los documentos redactados en vascuence cuando lo solicite un interesado o deba surtir efecto fuera, la regulación de la lengua castellana/vasca en la enseñanza y la obligación del conocimiento del euzkera por parte de los funcionarios que presten servicios en el territorio vasco (BOPV, 09/10/1936). La materialización de estos objetivos queda manifestada en la creación del Colegio Oficial de Profesores de Euzkera con el objetivo de “propagar e intensificar el uso del idioma vasco, otorgándole en la vida política y social el relieve a que, como lengua oficial de Euzkadi, es acreedor” (BOPV, 26/03/1937), la creación de la sección Lengua y Literatura Vasca en el Consejo del Departamento de Cultura (BOPV, 30/01/1937) o la inclusión de la lengua vernácula en diferentes ámbitos de la educación primaria y terciaria (BOPV, 31/01/1937; 12/10/1936; 18/11/1936).

La imposición desde arriba del bilingüismo quedó reflejada materialmente en los membretes de la documentación de los batallones del Cuerpo de Ejército de Euzkadi: Cuerpo de Ejército de Euzkadi, Euzkadiko Gudaroztea; Departamento de Defensa, Guda Zaingoa; Reclutamiento-Movilización, Galdaketa-Gertuketa; Marina de Guerra de Euzkadi, Euzkadiko Itxas-Guda; Estado-Mayor, Guda Goi-Agintaritza… Si bien no hay una imposición explícita del euzkera en los batallones castellano-parlantes desde la administración, fue a través de pequeños elementos de la vida cotidiana del soldado (correspondencia, notificaciones oficiales…) donde se produjo una obligación velada de la lengua vernácula desde arriba.

Si tenemos en cuenta el lenguaje no hablado o escrito, me refiero al entramado simbólico que se expresa con los gestos, la narración, la poesía o la música, también se encuentran diferencias entre los batallones. El análisis de estos cuatro elementos resultaría muy extenso para este trabajo así que me ceñiré solamente al lenguaje musical.

El estallido de la guerra civil supuso la creación de una música marcial que ya existía en el País Vasco gracias a las guarniciones militares aquí afincadas. La música de las fuerzas del nacionalismo vasco, que tenían su propia música, la mayoría en euzkera, procedía de la tradición folklórika local recuperada o adaptada por el nacionalismo y en la que se produce una identificación plena entre la música y el territorio (Vargas, 2010). También encontramos la música revolucionaria e internacionalista de las fuerzas republicano-izquierdistas que proporcionan un componente folklórico del País Vasco a su música. El distintivo lo proporcionó una música militante de signo político, conexa al republicanismo y a los movimientos político-sindicales de izquierda. En muchos casos se trataban de signos extranjeros, de la vieja Europa revolucionaria, adaptados al castellano o euzkera en los que se reivindica ante todo una mejoría de la clase obrera (Vargas, 2010). Esta diferenciación en el lenguaje musical solo acentuó la división existente entre los miembros de un mismo ejército, convirtiéndose así en un elemento de cohesión o diferenciación de los miembros de éste. La música dotaba a los individuos de un fuerte sentido de pertenencia a un grupo ideológico o causa política determinada que solo les alejaba/diferenciaba de sus compañeros de armas. Este aspecto lo evidencia un suceso acaecido el 25 de noviembre de 1936 con ocasión de un desfile, ante el gobierno autónomo, por parte de las fuerzas que marchaban al frente. Según manifestaron algunos testigos, desfilaron en primer lugar los batallones del Euzkadiko Gudaroztea a los acordes del Euzko Gudariak y, cuando aparecieron los del Frente Popular,

“la banda tuvo que cambiar el himno por una marcha militar. Aducían que el Euzko Gudariak era y había nacido del Partido Nacionalista Vasco y ellos no estaban dispuestos a secundarlo”
(Euzkadi, 05/07/1979).

Aunque con el tema lingüístico se observa una imposición de la administración autonómica, no ocurre lo mismo en el caso musical donde no se percibe en el Boletín Oficial del País Vasco la adopción de un himno autonómico. A pesar de ello, autores como José Luís de la Granja indican que el himno oficial del Gobierno Provisional de Euzkadi fue el Gora ta Gora o también llamado Euzko Abendaren Eserkija (De la Granja, 2007). Si esto fuera cierto, aquí se encajaría otra imposición velada de una administración autonómica, desde arriba, conformada por fuerzas de diferente cariz político pero con una clara mayoría nacionalista vasca ocupando las consejerías más importantes como la de defensa o cultura. En el himno Euzko Abendaren Eserkija que fue escrito por Sabino Arana, gran ideólogo del nacionalismo vasco, plasmó éste con letra euskérica su base ideológica política haciendo alusión a las tradiciones vascas, el foralismo, Dios y la cruz. Todo este universo simbólico e ideológico no era compartido por una parte importante del Ejército de Euzkadi, también conformado por republicanos-izquierdistas con una clara vocación universalista y no religiosa, que tendrían que desfilar bajo sus acordes al ser el himno del gobierno autonómico al que se adscriben, constituyendo una fuente de conflicto y mayor distanciamiento identitario como quedó patente en los sucesos del desfile ya citado.

5. Las creencias

Por creencias hay que entender los “sistemas de ideas sobre Dios, el mundo y el hombre, que tiene una comunidad, y desde las que interpreta la realidad; por eso se incluyen como creencias, la religión, los mitos, las tradiciones, las costumbres, la filosofía y la ideología; es la cosmovisión de una comunidad. En este sentido, las creencias o convicciones formadoras de conciencia son elementos importantes para la construcción de la identidad; no sólo porque a partir de ellas los sujetos entienden su realidad, sino porque dan sentido a la vida y formas de comportamiento de los sujetos y aceptación de los roles sociales y normativos, que propiamente integran su identidad, sustentada en valores” (Maldonado y Hernández, 2010). En este trabajo solamente se destacarán las creencias religiosas e ideológicas por ser las más fáciles de analizar.

Revista Gudari del 20-3-1937

Publicado en la revista nacionalista Gudari del 20 de marzo de 1937, páginas 10 y 11

George Steer, corresponsal británico del diario The Times en el País Vasco durante la Guerra Civil, definía así la catolicidad de los vascos: “Católicos hasta el último hombre, no hasta la última mujer, como en otras partes de España; sin embargo, apreciaban tanto su libertad, en contraposición a la tradición clasista y superretórica de Castilla, que estaban dispuestos a entablar negociaciones con el agnóstico Madrid” (Steer, 2004). Aunque el relato de G. Steer resulta una clara exageración de la catolicidad de los vascos, “hasta el último hombre”, sí resulta un análisis muy lúcido por dos razones: la diferenciación que se establece entre el País Vasco-España en materia religiosa durante la Guerra Civil y por la importancia que adquiere el componente religioso en la población del País Vasco.

El distanciamiento del País Vasco respecto a España en materia religiosa habría que buscarlo en los años republicanos y en la lucha estatutaria que enfrenta al principal promotor de ésta, el católico Partido Nacionalista Vasco, con una España que por primera vez en la historia pone fin a la confesionalidad del estado en 1931. Fue durante estos años republicanos y el desarrollo de la Guerra Civil cuando se empieza a hablar del Oasis Vasco (De la Granja, 2007), convirtiéndose el territorio vasco durante la Guerra Civil en el único lugar leal a la república donde se respetó el culto religioso católico como resultado de la hegemonía política de un partido católico y moderado. El panorama que se presentaba en otras zonas de España, por ejemplo, en la Cataluña revolucionaria hasta mayo de 1937, había dado como resultado la quema y saqueo de iglesias o conventos con la proscripción del culto en casas particulares. El profundo respeto a la catolicidad, y en definitiva una forma de entenderse a uno mismo y el mundo, se materializó en la celebración de misas en retaguardia o en el frente de combate, los acercamientos del Gobierno Provisional de Euzkadi al Vaticano, la formación del Cuerpo de Capellanes del Ejército de Euzkadi o el entierro de su Comandante José María Korta Uribarren.

Sin este contexto previo no se podría entender algunas especificidades del Cuerpo de Ejército de Euzkadi respecto a los demás Cuerpos de Ejército de la República Española. Muchos fueron los sacerdotes que prestaron servicios religiosos a los jóvenes nacionalistas que se desplazaban al frente y se hizo necesario improvisar la ayuda sacerdotal a las milicias iniciales. A medida que se conformaba el Cuerpo de Ejército de Euzkadi se vio la necesidad de organizar la Sección de Capellanes, situando a su cabeza una directiva compuesta por un Jefe Superior –sacerdote con grado de Comandante- y jefes subalternos. Cada batallón contaría con un Capellán Jefe, con grado de Capitán, y dos capellanes subalternos con grado de Teniente. Por supuesto, cada compañía del batallón tendría su correspondiente capellán. Las misiones de este Cuerpo eran celebrar la Santa Misa para los jóvenes soldados (incluso en las trincheras), cuidar la moralidad del gudari, asistirle espiritualmente en sus últimos momentos y fomentar la doctrina cristiana en los jóvenes movilizados. Todo esto daba lugar a una muestra de devoción cristiana muy poco común en la zona republicana, que incluía la celebración de misas en el frente de combate, solamente equiparable a los carlistas del bando rebelde. Estos capellanes únicamente se encontraban en los batallones nacionalistas vascos del PNV, ya que los de Acción Nacionalista Vasca (ANV) se caracterizaban por su aconfesionalidad, convirtiendo el componente religioso en un referente identitario que cohesionaba a un grupo determinado del ejército que además les acercaba al sentir del enemigo. Los esfuerzos de la política del bando rebelde por establecer la metáfora de la cruzada, presentando el enfrentamiento de la Guerra Civil como una guerra de los católicos contra el ateísmo, quedará refutada con la presencia católica vasca en el bando leal a la República Española.

Respecto al resto de componentes del Cuerpo de Ejército de Euzkadi, los no nacionalistas vascos del PNV, no existen muchas referencias a su confesionalidad durante la Guerra Civil en la prensa vasca de época. Aunque las diferencias religiosas jugaron un papel fundamental durante los años republicanos, siendo el máximo representante de oposición a la catolicidad vasca el socialista Indalecio Prieto y su denuncia del “Gibraltar Vaticanista“, durante la Guerra Civil se atenuó el enfrentamiento de la concepción religiosa en pro de una buena convivencia. A pesar de ello, son numerosos los testimonios de supervivientes de la época que nos muestran la catolicidad de los gudaris enfrentada al ateísmo o agnosticismo de sus compañeros de armas en episodios de falta de respeto, de los últimos, a las creencias católicas de los primeros.

Recorte de CNT del Norte del 27-12-1936

Imagen aparecida en la portada del periódico anarquista CNT del Norte, el 27 de diciembre de 1936

Una rápida aproximación a las distintas concepciones ideológicas que existían en el seno del Cuerpo de Ejército de Euzkadi se puede realizar a través de la prensa vasca de época y los batallones que formaron los partidos políticos o sindicales. Prácticamente todas las líneas ideológicas presentes entre los miembros del Cuerpo de Ejército de Euzkadi, conformadas al final del siglo XIX y consolidadas durante los años republicanos, tuvieron sus órganos de expresión en la prensa vasca en forma de diario o revista gráfica durante la Guerra Civil: nacionalistas vascos (Euzkadi, Gudari), comunistas (Euzkadi Roja, Erri), anarquistas (CNT del Norte, Horizontes), socialistas (La Lucha de Clases) y republicanos (El Liberal, Creación). La prensa también permite establecer corrientes ideológicas concretas dentro de estas concepciones ideológicas, por ejemplo, en el nacionalismo vasco se encontraba la vertiente jeltzale y la conformada por ANV. En la vertiente jeltzale del nacionalismo vasco se diferencia la visión férreamente sabiniana, radical e independentista (Jagi-Jagi) enfrentada a la línea política más posibilista liderada por José Antonio Aguirre (Euzkadi). A estas dos grandes vertientes del nacionalismo vasco jeltzale habría que añadir el ámbito propiamente sindical (Euzko Langille). Confrontada con la vertiente jeltzale se encontraba la concepción republicana, laica y reformista (Tierra Vasca) del nacionalismo vasco de ANV.

No solo la prensa permite aproximarse a las diferentes ideologías que convivían en el seno del Cuerpo de Ejército de Euzkadi, las reconocidas socialmente, ya que se tiene constancia del número de batallones que conformó cada partido político o sindicato: Partido Nacionalista Vasco (25 Batallones), Partido Socialista Español/Unión General de Trabajadores (11 Batallones), Juventudes Socialistas Unificadas (9 Batallones), Partido Comunista de España (8 Batallones), Confederación Nacional del Trabajo (7 Batallones), Izquierda Republicana (8 Batallones), Acción Nacionalista Vasca (4 Batallones), Jagi-Jagi (2 Batallones), Solidaridad de Trabajadores Vascos (1 Batallón), Republicanos (1 Batallón) y sin filiación (7 Batallones). A partir de esta relación se puede establecer una clara preponderancia de la ideología nacionalista jeltzale a la que sigue de cerca los socialistas y continúa en menor proporción los batallones comunistas, republicanos y anarquistas. Aunque con toda probabilidad estas proporciones resultan acertadas, existe una serie de problemas como el establecimiento de la incorporación civil obligatoria a filas, acabando con la voluntariedad que caracterizó a los primeros milicianos, que pueden transmitirnos una visión distorsionada del componente ideológico del Cuerpo de Ejército Vasco. Sin embargo, también se tiene constancia que se permitió a los movilizados elegir el batallón con el que mayor afinidad sentía, atracción que podría ser territorial (los amigos del pueblo) o ideológica.

Xabier Herrero


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    Fondos fotográficos

  • Archivo Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo.
  • Archivo Fundación Sabino Arana.
  • Archivo Fundación Sancho el Sabio.
  • Archivo General Militar de Ávila.
  • Biblioteca Nacional de España.
  • Archivo Histórico de Euskadi.
  • Centro Documental de la Memoria Histórica.
  • Fundación Sancho el Sabio.
    Materialidad

  • Archivo de la Sociedad Cultural Amigos de Laguardia.
  • Archivo Documental de la Memoria Histórica.
  • Centro de Interpretación de Eibar.
  • Centro de Interpretación del Cinturón de Hierro.
  • Centro Vasco de Interpretación de la Memoria Histórica.
  • Colección Privada José Manuel Campesino.
  • Museo Arqueológico, etnográfico e histórico vasco.
  • Museo de la Batalla del Ebro.
  • Museo de la Industria Armera de Eibar.
  • Museo del Ejército de Toledo.
  • Museo Histórico Militar de Burgos.
  • Museo Militar de Valencia.

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