La guerra en Euskadi.

Trascendentales revelaciones de unos testigos de excepción acerca de la guerra del 36 en el País Vasco

La guerra en Euskadi
Luis María y Juan Carlos Jiménez de Aberásturi
Plaza & Janés, 1978

Luis María y Juan Carlos Jiménez de Aberásturi, autores de «La guerra en Euskadi», nos ofrecen un impresionante abanico de datos y hechos completamente desconocidos por el gran público, acerca de cómo se desarrolló la guerra del 36 en el País Vasco. Buscando los testimonios personales de los que, desde distintas posiciones, desempeñaron un papel significativo en dicha contienda, los autores han intentado dar un panorama lo más exacto posible de aquella realidad, contradictoria y compleja y tan difícil de encerrar en unos cuantos tópicos o interpretaciones míticas. Han tenido que recurrir a menudo a desempeñar el papel de “abogados del diablo”, con el fin de que los entrevistados intentaran resolver sobre la marcha las evidentes contradicciones de las distintas versiones de los hechos, como, por ejemplo, el famoso Pacto de Santoña, la utilidad o ineficacia del Cinturón de Hierro, el bombardeo de Guernica… hechos todos de trascendental importancia y sobre los cuales no siempre concuerdan las opiniones registradas en el libro.

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Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.

Historia oral de la guerra civil española

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros
Ronald Fraser
Crítica, 2016

Recuérdalo tú y recuérdalo a otros,
cuando asqueados de la bajeza humana,
cuando iracundos de la dureza humana:
este hombre solo, este acto solo, esta fe sola.
Recuérdalo tú y recuérdalo a otros.
(Luis Cernuda, “1936”, Desolación de la Quimera)
“Cuando ya en la historia de la guerra civil española parecía que todo estaba ya dicho y escrito, el hispanista inglés Ronald Fraser recupera de la memoria popular una visión enteramente renovada: la de las gentes comunes que lucharon en uno y otro bando o que, simplemente, sufrieron las consecuencias del conflicto. Este libro debería significar el fin de una etapa en los estudios sobre la guerra civil española -la de la historia política y militar- y el inicio de otra -la de la historia social-. En él descubrimos que es mucho lo que nos queda por conocer, y mucho lo que conviene no olvidar.” (Josep Fontana).
Hace más de cuarenta años se publicó por primera vez este libro que ofrece una narración distinta de la guerra civil española. Hasta entonces habíamos dispuesto de memorias personales, testimonios y recuerdos, por un lado, y obras de erudición y ensayos académicos, por otro, que, en su inmensa mayoría, estudiaban el conflicto desde la historia política y militar. El libro de Fraser brinda el “testimonio colectivo” de quienes participaron en la contienda o la sufrieron en sus carnes. Para el autor, lo que hacía sobresalir a su libro de entre la enorme riqueza bibliográfica a que ha dado lugar la guerra civil española, era su carácter subjetivo, la recreación de un ambiente, de un clima, de una memoria personal no siempre coincidente con la “verdad” histórica, pero que nos acercaba a la “realidad” del conflicto con una viveza estremecedora. Esa aproximación dotaba al libro de una fuerza y un frescor que se mantienen intactos más de cuarenta años después, cuando tantos otros libros sobre la guerra civil nos parecen irremediablemente condenados al olvido.

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El día en que murió Guernica

El día en que murió Guernica
Gordon Thomas y Max Morgan-Witts
Plaza & Janés, 1977

El día en que murió Guernica es un documento humano conmovedor, un relato basado en las declaraciones de quienes vivieron los hechos. Los lectores seguirán, emocionados, los pasos de los protagonistas, todos los cuales amaban Guernica a su modo. La obra es también la historia de la Legión Cóndor, lo más selecto de las Fuerzas Aéreas alemanas, enviadas a España con objeto de prepararse para la inminente gran conflagración. En las últimas cuatro décadas, Guernica ha simbolizado los terrores de la guerra.
“Se bombardean los edificios. Los civiles salen a las calles. Después los ametrallan los cazas. La gente vuelve a los edificios, que son bombardeados de nuevo, y así sucesivamente.” Esta es en síntesis la técnica de la blitzkrieg, experimentada por primera vez en Guernica por la Legión Cóndor, el 26 de abril de 1937. Los autores emplearon 27 meses en investigar los hechos que motivaron el primer bombardeo a una poblacion civil. ¿Dónde aprendieron los alemanes sus técnicas bélicas de exterminio? Parece evidente que fue en España, durante la guerra civil. Guernica era el punto clave para comprender el sistema de ataque que Wolfram Von Richthofen, jefe del Estado mayor de la Legión Cóndor había ideado.”
Una de las características del libro es que por primera vez, la familia permitió el acceso a los documentos privados del militar alemán. Sobre el bombardeo de la ciudad vasca existía una notable confusión. Algunos creían que había sido incendiada por los propios habitantes de la villa para desprestigiar al general Franco (Guernica no fue bombardeada por mis fuerzas aéreas…, fue incendiada con gasolina por los propios vascos. Comunicado de Prensa del Cuartel del General Franco, 5 de mayo de 1937, reproducido en el libro); otros aceptaban la hipótesis de que había sido bombardeada por más de tres mil aviones, cifrándose en 15.000 los muertos. Tras las investigaciones de Thomas y Morgan-Wits, parece que el misterio quedó definitivamente resuelto la ciudad fue bombardeada por los pilotos alemanes y el número de muertos se puede cifrar en unos mil. Los autores afirman rotundamente que el acto se realizó sin el conocimiento de Franco, “se decidió el domingo 25 de abril, en un campo próximo a Vitoria y tras una conversación entre Von Richthofen y el coronel Juan Vigón, jefe de Estado Mayor del Ejército Norte”. “Si Franco hubiera hecho alguna declaración negando su participación hubiera tenido mejor prensa de la que tuvo después.”
Los historiadores británicos se entrevistaron con algunos de los pilotos supervivientes. Grabaron más de trescientas horas de entrevistas y probablemente el dato más aterrador sea el que ninguno de ellos sentía remordimiento por lo hecho. “Incluso uno comentó que había sido muy divertido.”
La razón que predispuso a Von Richtofen para decidir el bombardeo fue la rapidez con que avanzaban los ejércitos de Franco por el Norte. Si quería experimentar su táctica, tenía que hacerlo de manera inmediata. Posteriormente la sufrirían ciudades como Rotterdam, Coventry, Hamburgo y Dresde, entre muchas otras, durante la Segunda Guerra Mundial. El teniente coronel alemán fue ascendido a mariscal de campo y figuró entre los consejeros de Hitler.
Para Gordon Thomas la lección de Guernica radica en que si se hubiera producido una protesta firme a nivel de Gobiernos, es probable que las atrocidades que se cometieron en la Segunda Guerra Mundial, se hubiesen evitado.
“El libro pretende ser un homenaje a las gentes de Guernica que sobrevivieron a la tragedia”.

Este texto proviene de una entrevista realizada a los autores el 8 de mayo de 1976.

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Aquel verano del 36
(II parte)

Hasta el momento, en la primera parte de este artículo, hemos presentado los testimonios de combatientes, de personas implicadas con mayor o menor compromiso en los avatares politico-sociales de aquella época. Militantes que tomaron bien el pulso a los convulsos meses previos al día “D”. Sin embargo para otras personas resulta una desagradable sorpresa con la que tienen que convivir muy a su pesar.


Salvador Usategi y Santos Guinea tienen 12 y 15 años respectivamente. Ambos residen en Lezama (Araba) y, dada su edad y la ubicación del pueblo en una zona agrícola al norte de la provincia alavesa, desconocen lo que se estaba cocinando.

Santos Guinea le lleva, no obstante, ventaja a su vecino. Ya por entonces sus padres regentan, al pie de la carretera que de Amurrio conduce a Gasteiz, un establecimiento hostelero que todavía existe gestionado por la misma familia, se trata del restaurante Bideko. En él se detienen comerciantes de camino a Gasteiz, tratantes de ganado que andan por las aldeas comprando animales… en ocasiones traen noticias que de otro modo no llegarían a sus oídos.

Pues fue el 18 de… julio… ya se hablaba días antes de si iba a haber de si no iba a haber una revolución. Ya la gente mayor comentaba, bueno el que leía el periódico, aquí nos traían todos los días. Pasaba un panadero que comía aquí y solía traer El Noticiero Bilbaíno, (…). Y otro que traía era El Liberal, que era republicano. Y le solían dejar a mi padre para que leería. Le gustaba leer.
EL día 18 se hacía la fiesta ahí en un pueblo, Santa Marina; en Astobiza; un pueblo que ya no existe. Y vivía allí, en la Iglesia donde se hacía la fiesta un tío nuestro. Y yo chaval pues iba allí a… comer y así. Y tenía primos de mi edad, y ya se hablaba que había algo, revolución. Y efectivamente ya al otro día ya empezó a haber gente por Amurrio que había salido o que ya en Vitoria, o por ahí en algunas capitales los militares ya se habían sublevado.

Placa conmemorativa a Jose María Viguri y María Guadalupe

Placa conmemorativa, desaparecida en la actualidad, a Jose María Viguri y María Guadalupe.
Fotografía del autor

El día 25 milicianos ajenos al pueblo vuelan los puentes de la vía del ferrocarril para evitar el desplazamiento de los sublevados. Recuerda a dos hermanos naturales de Basauri entre los dinamiteros y que además protagonizan un episodio negro en Amurrio al “pasear” a un hombre a su hija al día siguiente de la voladura de los puentes.

Se trata de José Mª Viguri y Berganza de 46 años y su hija María Guadalupe de 12 años de edad.

Unos hermanos… que eran de Basauri que luego no se si los fusilaron porque en Amurrio mataron a un padre. Fueron a buscar a un hombre y la hija se agarró al padre y mataron a los dos. Por lo visto acabó la guerra estaban en la calle.
Pero los detuvieron y luego los fusilaron.

Muy pronto se perciben movimientos de requetés en los montes cercanos de San Pedro y Txibiarte y algunos vecinos que comulgaban con sus ideas deciden unirse a ellos. Salvador Usategi lo recuerda bien, pues el caserío de sus padres está muy cerca de Txibiarte y la curiosidad de niño lo empuja a ir a echar un vistazo:

Pues estábamos ahí en esa pieza sallando borona, bueno yo no; yo mirando como sallaban porque con 12 años. Y llegaron dos vecinos uno de abajo y otro de más arriba… y mi hermano estaba ahí…

(señala a través de la ventana)

…eran amigos y le comentaron lo que estaba pasando. Era el día 19. Y ya para entonces en los montes apareció, no se, una compañía o no se cuantos y bastantes mulos y dijeron que iban con cañones. Parece que lo veo ahora como vienen, si. Y los chicos pues tomaron una determinación, no se que hicieron pero cada uno se fue por un “lao” y se que un vecino de ahí abajo, que luego fue alcalde durante la guerra el primer año, y el chico de más allá se vino. Estaban de la iglesia “pacá” metidos en un jaro, escondidos, y alguno dijo: “joer, bah” asomaban las cabezas con miedo a… y yo pues chiquillo pues “na” y fui.

Monte Txibiarte y caseríos cercanos

Monte Txibiarte y caseríos cercanos.
Fotografía del autor

Unos días después algunos muchachos de la zona organizan una partida armada con carabinas y escopetas, suben al monte Txibiarte para tender una emboscada a los carlistas. Saben que los requetés pasan la noche en la cercana población de Uzkiano y cada mañana recorren el mismo camino para ocupar las posiciones de control y vigilancia que han establecido en Txibiarte:

Y venían 4 ó 5 requetés y venían tranquilamente hablando cuando de repente ¡pam!, un tiro y enseguida “tarratata”… tiros bastantes. Y levantaron el vuelo “pa” Lezama.
Pero… los otros se tiraron pronto… eran militares, se tiraron al suelo y les vieron como se levantaban y echaban a correr; ¡Pum!. A uno le, lo… claro se quedó allí.
(…) Dicen que los vecinos de allá oían, porque hay unas casas que están bastante cerca; oían: “Eh venís “pacá” a llevar al muerto”. Claro ellos no oían nada seguramente, ellos estaban ya… Yo me acuerdo que venía uno con dos carabinas al hombro, por ahí pasando por casa…

Salvador nos relata cómo se desarrolló aquella emboscada pero Santos Guinea añade un detalle más:

…era Aniceto Zaldegi (…) Y lo mataron, claro lo dejaron ahí los otros… los otros corrieron y lo dejaron; le llamaban “El Rojo” porque era de cutis muy colorao. Y lo dejaron allí y se conoce que no lo enterraron, lo echaron… porque un día por ahí, del pico de Txibiarte para abajo hicieron fuego y se comentó que le habían quemado allí.


Ángel Durana reside en Belandia (Bizkaia), pueblecito que pertenece al ayuntamiento de Orduña y que linda con el alavés valle de Aiara. A sus 19 años trabaja junto a sus hermanos en el caserío cuidando el rebaño de ovejas familiar. Apenas un par de años antes ha estado trabajando en Deusto y ha sido testigo de las huelgas y movilizaciones obreras, pero no creía que pudiera suceder algo tan terrible como una guerra.

Sierra Sálbada-Gorobel desde Belandia

Sierra Sálbada-Gorobel desde Belandia.
Fotografía en https://www.escapadarural.com

Empezaron a venir por allí milicianos a requisar escopetas y armas porque no había fusiles aquí.
Mientras tanto los otros allá arriba estaban, en la Peña.

(se refiere a la sierra Sálbada/Gorobel).

Ante el cariz que toman los acontecimientos, junto a su hermano Elías, ascienden a la sierra para recuperar el rebaño que, como cada verano, los pastores de la comarca suben para aprovechar los buenos pastos que ésta les ofrece.

Y fuimos el día de Santiago mi hermano Elías que es más joven y yo a ver el “ganao” que teníamos allí en la sierra . Joder! Y nos empezaron a tirar tiros y tuvimos que volver atrás y dejar el ganao y todo, allí quedó el “ganao”. El “ganao” nuestro claro, se lo llevaron los requetés, pero como tenía un hermano allí pues cogió después de… cuando llegó el invierno recogió el “ganao”.


Igualmente ajena a todo permanece nuestra última testigo Encarnación Velasco, con 15 años su vida cambia repentinamente. Su casa muy pronto permanecerá cerca de primera línea y se verá obligada a convivir con milicianos de la UGT. Ajena a la azarosa singladura de la República, Encarnación vive en la Venta de Pozoportillo (Kexaa, Aiara, Araba), una vida sencilla y de duro trabajo en el caserío. No fue hasta el 22 de julio cuando supo que su inmediato futuro.

…teníamos unos familiares aquí en Retes…

(Retes de Llanteno)

…que se hacía la Magdalena, o sea el 22 de eso. Y ya empezaron a decir que había guerra. Y fuimos a cenar, yo fui con mi madre, pues a casa de los familiares. Y entonces “Que hay guerra, que hay guerra”.
Y cuando subíamos por la zona de Lujo pues que oímos “Bum” “Bum” “Bum”. Unas bombas en el puerto Angulo o por ahí era, se oyeron aquella noche. Es lo primero que se oyó. Esto fue el día 22 de julio.

Requetés burgaleses toman el puerto de Angulo y, para evitar que por la carretera puedan circular milicianos y lleguen a sorprenderles, dinamitan un risco y la obstruyen. Tras esta experiencia no vuelven a tener noticias de la guerra y nadie viene a molestarles hasta agosto:

Venta de Pozoportillo

Venta de Pozoportillo.
Fotografía en: http://azai.host22.com/

Los primeros milicianos llegaron en agosto del 36, estábamos trillando a la parte de atrás de la casa. Estábamos limpiando la era para trillar, el 5 de agosto, entraron 3, vinieron 3… Jo, un miedo que pa que…luego tenían los fusiles con una.., o sea bayonetas brillantes que daba…
“Aquí hay guerra, aquí hay guerra”. Empezaron con eso y un miedo que pa que… Llegaron, estuvieron muy simpáticos hablando con nosotros. Eran de San Salvador del Valle; tres y después ya empezaron a venir pues mas. Luego ya se instalaron… pues esto sería ya octubre o por ahí; se instalaron ya aquí.


Testimonios anónimos que poco a poco se van perdiendo y que, como comentábamos al inicio del presente artículo, no pertenecen a grandes personalidades clave en todo el embrollo que traería el 18 de julio de 1936, pero que están imbuidos de la llaneza y, en algunos casos, de la inocencia de los que sufrieron y perdieron mucho más que los grandes nombres. La naturaleza es implacable y nuestra es la responsabilidad de recabar esta memoria para que no caiga en el olvido.

Sergio Balchada


    Entrevistas

  • Salvador Usategi entrevistado en Lezama de Álava (Araba) el 31/05/2010.
  • Santos Guinea entrevistado en Lezama de Álava (Araba) el 03/06/2010.
  • Ángel Durana entrevistado en Orozko (Bizkaia) el 28/12/2012.
  • Encarnación Velasco entrevistada en Beotegi (Araba) el 04/05/2012.

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Aquel verano del 36
(I parte)

El 17 de julio de 1936 salta la chispa, en los territorios africanos españoles, de un pronunciamiento militar que se viene rumiando desde que prácticamente ha nacido la II República y que, posiblemente debido al triunfo del Frente Popular en el mes de febrero de 1936, ha producido el temor suficiente para que los dubitativos se adhieran de una vez por todas a la conspiración y los conjurados aceleren los preparativos para asestar el golpe. El 18 de julio esa chispa salta a la península.

El gobierno republicano conoce los movimientos de muchos de los implicados pero, o bien no sabe abordar la situación con la entereza y la fuerza necesarias ya que considera que se trata de una nueva sanjurjada, o bien hace oídos sordos a quienes auguran que aquella “asonada” va muy en serio creyendo, erróneamente como hoy sabemos, que pueden aplastarla con suma facilidad.

Lejos de las altas instancias gubernamentales o de los despachos, cafés o cuarteles donde se conjura contra el gobierno, muchos ciudadanos viven ajenos a estas circunstancias. Incluso no saben del estallido de la guerra de forma inmediata, y es obvio, puesto que por aquel entonces carecían de los medios a nuestro alcance hoy día para poder mantenerse informados; además, en muchos casos, los núcleos de población rural permanecen prácticamente aislados o pobremente comunicados con los centros urbanos de mayor entidad, donde resulta más sencillo acceder a la información.

Tropas del requeté alavés en Unzá (Araba)

Tropas del requeté alavés en Unzá (Araba).
Fotografía en: Diario de Noticias de Álava

A todo esto debemos sumarle el hecho de que los vecinos de estas entidades de entorno rural están mucho menos politizados que las masas de obreros fabriles residentes en las ciudades; y por lo tanto son ajenas en gran medida a ideologías y eslóganes revolucionarios y/o políticos. Por otro lado opciones más conservadoras se constituyen como las predominantes.

Dejando a un lado manuales, biografías o ensayos que nos hablan de las grandes personalidades políticas o militares que protagonizan este período, hemos querido abordar el asunto desde la perspectiva de la gente de a pie, desde el prisma de cualquier ciudadano alejado de los focos y de los escenarios principales, y narrar lo que sucedió en su entorno los primeros días de caos e indecisiones. A través de diversas entrevistas efectuadas en los últimos años a personas que sobrevivieron a la tragedia fratricida, vamos a conocer de primera mano sus impresiones sobre los hechos desplegados ante sus ojos; cuando y como llegaron a sus oídos los ecos de la contienda; cual fue su comportamiento inicial; sus acciones,… Algunos apenas son unos niños, otros en cambio militan en alguno de los partidos o sindicatos que se oponen a los sublevados y a algunos otros les sorprende el aluvión de acontecimientos. Demos comienzo entonces.


Manuel Ibarrola, natural de Laudio (Araba), está cumpliendo el servicio militar en Santander durante aquellos días en el Regimiento Valencia Nº 21. No obstante, cuando da comienzo la guerra se encuentra en Alcalá de Henares (Madrid), siguiendo órdenes de su capitán Francisco Álvarez, donde debe recoger un caballo de éste en los cuarteles que hasta hace poco ha ocupado el Regimiento de Caballería Calatrava y transportarlo a Santander:

En Alcalá de Henares si, ya, ya en la guerra ya con todo y claro entonces yo pues me encontré solo en Madrid, no había salido de casa. La primera vez que había salido era a las fiestas del 9 de mayo en Orduña.

Su única idea es regresar a Santander, pero para ello necesita hacerse con la cebada que el equino precisa para afrontar el largo viaje en tren hacia el norte y en los cuarteles no hay quien pueda ayudarle, todo son carreras e idas y venidas.

Y fui ante un jefe de estación y claro iba de militar yo, un cuartel de intendencia buscaba yo en Madrid, fíjate para encontrar un cuartel de intendencia en Madrid… Y se portó muy bien el hombre y me dijo: “Vaya usted al palacio real en tal dirección y allí al lado del palacio real está el cuartel de eso, del Pacífico”. Y efectivamente, voy al palacio real y estaban allí dos centinelas a la entrada, (…) me dieron 20 kgs de cebada para el caballo y yo a pasarlas como Dios, pasando hambre. Y así me pasó hasta que llegué a Santander.

Una vez entregado el caballo y tras echar un vistazo a la situación, piensa que la mejor opción es solicitar un pequeño permiso y regresar a su casa a la espera del devenir de los acontecimientos. Se presenta entonces ante el capitán Francisco Álvarez:

Y yo le dije: “Oiga mi capitán si me daría permiso para ir a Castro que ahí tengo un familiar” Pues yo ya sabía que no se podía, andaba mal el asunto y me dijo: “No se, eso va a ser difícil. Yo quisiera llevarle a Burgos”. Quería que vaya yo con él a Burgos. Pero yo le insistí “Oiga mi capitán es que he pasao mal por ahí durmiendo entre paja en el tren”. Porque había que ir con el caballo. “Bueno, bueno vaya usted donde el brigada que le haga un pase”.
Me hizo el pase. ¿Y sabes que hice yo? Al llegar a eso (Castro) seguí hasta Sodupe y en Sodupe en un camión de vacas de Arbide me vine a casa.

Manuel Ibarrola con Ikurriña del Batallón Araba

Manuel Ibarrola (derecha), con la Ikurriña de la 4ª Compañía del Batallón Araba.
Fotografía del autor

Manuel desconoce que pasa con este capitán y si finalmente consigue llegar a Burgos y como es de esperar unirse a los sublevados.

Una vez a salvo en Laudio, se presenta en el cuartel de la Guardia Civil por su condición de soldado de reemplazo para ayudar en lo que sea menester, mas no requieren de sus servicios hasta nuevo aviso. Finalmente lo llaman y equipado con un Mausser y sus respectivas cartucheras, acaba integrándose en el batallón Araba de adscripción nacionalista (PNV). Para ello se dirige al palacio del marqués de Urquijo, que había sido incautado por la Junta de Defensa local.


La experiencia de Mateo Balbuena es completamente distinta. Mateo es oriundo de León y vive desde febrero del 36 en Basauri. Persona inquieta y fuertemente ideologizada que milita en el Partido Comunista desde que es un adolescente, de hecho es secretario de las JSU desde mayo del 36. Ya el 18 de julio, cuando se entera del comienzo de la sublevación, se reúne en el local del partido con los demás compañeros para intentar organizarse de cara a la situación que se avecina y que consideran adversa.

Nos reunimos la directiva y acordamos formar grupos. Grupos que no llevaban armas, si no un punto de vigilancia. La dirección me encarga a mi como secretario que organice, y yo organizo grupos de 10 hombres; a estos 10 hombres les decía: “Bueno a ver, nombrad uno que tenga la responsabilidad de yo conocerle y tener relación conmigo. Lo que haya, las directivas que tengamos que dar pues que las recibe él por parte de esta”.
(…) Unos acontecimientos de una velocidad y de una, a veces de una oscuridad total; pero bueno los acontecimientos obligaban a hacer…a tomar partido. Pero claro tenga en cuenta que nosotros ya cuando a los…antes ya habíamos asaltado fábricas para…que tenían esto…los guardias, tenían un mosquetón; había unas…carabinas (…), yo recuerdo que cogimos, en la fábrica de… en Lutxana… una especie de fusil más reducido de procedencia inglesa. Y que por cierto el grupo que yo dirigía salió uno de la fábrica de “Cementos Anda”.

No lo duda ni un instante y cuando se solicitan voluntarios para acudir a Donostia se alista. Combate duramente en el asalto del hotel María Cristina y posteriormente en el asedio a los cuarteles de Loyola. Durante los combates para rendir el María Cristina, Mateo Balbuena se aposta en el teatro Victoria Eugenia anexo al hotel:

Se conoce que ellos por algún medio pidieron parlamento,(…) y ya, yo no se quien o como; se acercó a nosotros y dijo que se habían rendido. Y al poco tiempo entré con otros, a sacarles de allí. Que por cierto en un salón, un salón de entrada, la escalera y allí aparece una enorme paellera. Cago en diez, paella! Con esto…con todo lo necesario, con todo de una paella. Y perplejidad! A ver si va a estar envenenada. Pues vamos a ver, tenía un hambre y a comer. Y aparece mientras allí uno: “Hombre, yo soy tal” y sacó unas llaves, era el llavero de la bodega y fue a traer vino.

Mateo Balbuena y milicianos del Leandro Carro

Mateo Balbuena (izquierda), junto a otros milicianos del Batallón Leandro Carro.
Fotografía en: http://guerraenlauniversidad.
blogspot.com.es/

Después de la pitanza, exhaustos y con los rebeldes en retirada, deciden descansar para retomar la lucha con renovadas fuerzas:

Nos llevan a dormir al Casino; dormimos junto a cadáveres de facciosos, tanto guardias civiles como soldados.

Una vez los cuarteles de Loyola caen en manos leales a la República, Mateo regresa a Bilbao con lo puesto, cansado y con la ropa sucia y rota. No tiene ni un céntimo para tomar un tranvía que le pueda dejar en Basauri, donde tiene el domicilio. El revisor lo observa, Mateo duda si subirse o no pero acaba tomando asiento. El revisor se aproxima y sonriendo le dice: “No se preocupe, para los combatientes es gratis”. Todavía se emociona al recodar la anécdota.

Después ejercerá de teniente en el batallón comunista Leandro Carro, y una vez caído el frente norte continuará combatiendo en la 65ª Brigada de Carabineros.


Félix Padín no se queda atrás. Desde bien joven está afiliado a la CNT junto a sus hermanos, es uno de sus miembros más activos y concienciados; y como es de esperar, es consciente de que un pronunciamiento de los sectores más reaccionarios de la sociedad es cuestión de tiempo. Es testigo de primera mano de la táctica de Falange Española, la de crear alboroto y desasosiego en las calles bilbainas a base de algaradas y pistoleros contra miembros de la CNT. Actúan fundamentalmente en los barrios obreros de San Francisco y Las Cortes.

Vimos cuando ya salió la Falange el plan que traían. Porque por allí por Bilbao por la calle de Las Cortes; San Francisco, por allí; venían pistola en mano y armaban unos alborotos…
Y en la CNT pues entre 4 nos formamos un grupo… Porque cuando salías a vender el periódico; que solíamos salir nosotros a vender el periódico, te juntabas con ellos y ellos venían con pistoleros a provocar. Pues nosotros tuvimos que hacer una cosa parecida. Iba un compañero vendiendo el periódico y nosotros 3 detrás pues protegiéndolo por si acaso estos daban.

Llega el día de la sublevación, el local del sindicato es un hervidero de afiliados entre los que se encuentra Padín, porque allí disponen de una radio a través de la que se van enterando de los acontecimientos.

Junto con unos compañeros se dirigen a su casa y hacen acopio armas que han ido escondiendo en el alero del tejado, por si llega la fatídica fecha que están viviendo en esos momentos.

Y ya sacamos todo eso y fuimos al sindicato y el primer día nos dedicamos a recorrer Bilbao a ver lo que pasaba; porque ese día pues salió todo Bilbao; una manifestación pidiendo armas. Salió en Bilbao una cosa que… digno de ver era eso. Allí no había ideas, ni había banderas ni había más que un pueblo que pedía armas.

No obstante, su grupo se une a quienes previsoramente rodean los cuarteles de Garellano, donde se acuartela el Batallón de Montaña Nº 6. Más tarde consideran que allí no es necesario su concierto y deciden recorrer las armerías de la ciudad para requisar todo el armamento posible, incluso toman una camioneta para dirigirse al almacén de dinamita de Galdakao (Bizkaia):

…nos salió la guardia civil y se enfrentó a nosotros. Nosotros íbamos 4 y ellos estaban 4 ó 5; se enfrentaron a nosotros y dijeron que si queríamos dinamita teníamos que pasar por el cadáver de ellos. Y nosotros nos volvimos, recuerdo que fuimos al gobierno civil; nos presentamos allí, nos dieron unos papeles. Y volvimos a la fábrica y cargamos la furgoneta de dinamita sin tropiezos ya.

Félix Padín, retrato

Félix Padín en un retrato anterior al conflicto.
Fotografía de I. Gorriti.
Fotografía en: http://mugalari.info/

El día 20 de julio, el mismo grupo de compañeros enfila la carretera que les lleva a Otxandio (Bizkaia), población cercana a la capital alavesa en donde saben que han triunfado sin resistencia los militares rebeldes. Pretenden recabar toda la información posible, enterarse por donde se mueven los insurrectos y calibrar las fuerzas de las que disponen.

Junto al ayuntamiento conversan con algunos milicianos socialistas y comunistas, éstos creen que los militares pronto intentarán entrar en la villa, por lo que les piden que se queden ya que disponen de pocos hombres y mal armados.

Y nosotros dijimos “Mira nosotros bajamos a Bilbao, vamos al sindicato y pedimos voluntarios y en cuanto estén los voluntarios y nos pongan coches para venir, venimos”.
Y así fue, fuimos al sindicato… dijeron que querían que no nos marcharíamos pero ya se convencieron. Nos juntamos unos 30 y tantos; entre ellos me parece 4 ó 5 compañeras. Y llegamos a Ochandiano pues por la mañana del 21. Y luego hacia el mediodía llegó la columna de Ochandiano; y en esa venían guardias de asalto, venían militares, venía una agrupación de la UGT, otra de… comunista y luego venían algunos otros compañeros nuestros que ya nos juntamos allí unos 70 y tantos. En cada agrupación de eso estaríamos esa cantidad de hombres.

Sonríe al recordar una anécdota que les acontece camino de Otxandio; durante el trayecto alguien exclama que no portan bandera alguna que los identifique como milicianos de la CNT.

…Uno sacó allí un; no se si era un pañuelo, rojo y lo puso. Y dice “pues falta lo negro”, y dice una compañera, “Pues lo negro lo pongo yo” y hace así por el traje…

(imita como si se metiera la mano por debajo de una falda)

…y las puso allí.

(obviamente se refiere a las bragas).

Las risas y las chanzas duran poco. Al día siguiente presencia horrorizado la masacre producida por el bombardeo perpetrado por dos aviones Breguet XIX que han despegado de Logroño, la dantesca escena que queda luego de esta acción nunca se borró de entre sus recuerdos.

Al otro día recuerdo yo que llevaba una cajita así pequeña…

(con las manos simula una caja como para un niño de muy corta edad)

…un niño así llevaba yo al cementerio…y lloraba, lloraba y decía “Esta gente no tiene perdón”.

La guerra fue transcurriendo y Félix Padín pasa por los batallones anarquistas Durruti e Isaac Puente, después llegaron la cárcel y los campos de concentración.

Sergio Balchada


    Entrevistas

  • Manuel Ibarrola, entrevistado en Laudio (Araba) el 14/03/2011.
  • Mateo Balbuena, entrevistado en Lezama de Álava (Araba) el 03/06/2010.
  • Félix Padín, entrevistado en Miranda de Ebro (Burgos) el 07/07/2011.

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Entrevista a Karl Gustav Schmidt, aviador alemán derribado sobre Bilbao.
CNT del Norte, 7 de enero de 1937

Entrevista en CNT del Norte del 7-1-1937

Entrevista publicada en el periódico anarquista CNT del Norte.
7 de enero de 1937, página 4

El 4 de enero de 1937, sobre las tres de la tarde, se produjo un bombardeo sobre Bilbao por parte de la aviación alemana que combatía para la causa sublevada, desde noviembre de 1936 oficialmente llamada Legión Cóndor. Era el segundo intento de ese día; el primero, por la mañana, efectuado por cazas alemanes que operaban desde Vitoria-Gasteiz, fue desbaratado por la aviación republicana. Pero esa misma tarde volvieron, esta vez acompañados por nueve bombarderos trimotores Junkers Ju-52, para castigar nuevamente Bilbao y a su población civil (otras fuentes hablan de 5 Junkers Ju-52 alemanes, cuatro Fokker VII de la aviación sublevada, junto con la escolta de 13 cazas Heinkel He-51 también alemanes). De nuevo la aviación leal salió al encuentro de esta nueva incursión con los pocos aviones de que disponían. Como consecuencia, la formación sublevada quedó rápidamente deshecha y los bombarderos soltaron sus bombas desordenadamente para tratar de huir. Sin embargo, en el combate que se entabló, uno de los bombarderos cayó envuelto en llamas a cambio de uno de los cazas defensores que también fue derribado; la propaganda republicana habló de cuatro aviones enemigos derribados y, ni tan siquiera, admitió la pérdida del aparato propio, aún cuando su piloto murió en el accidente. Dos de los tripulantes del bombardero consiguieron saltar en paracaídas, fueron el sargento primero Adolf Herrmann, posiblemente artillero del avión, y su compañero el radiotelegrafista Karl Gustav Schmitd, de 21 años y natural de Rostock (Mecklemburg). Finalmente, el aparato se estrelló cerca de Alonsotegi; Adolf Hermann descendió en la zona de Jaro de Arana cayendo en manos de civiles, inmediatamente fue linchado y muerto; Schmitd, sin embargo, fue arrastrado por el viento hasta Enekuri, donde rápidamente fue detenido y conducido a lugar seguro en los locales de Presidencia del Gobierno Vasco.
Esa misma tarde, una multitud enfurecida por tantos bombardeos impunes sobre la población civil, asaltó las cárceles de Bilbao produciendo una terrible matanza entre los prisioneros allí retenidos.
Se muestra aquí un documento único, pues se trata de una entrevista a Karl Gustav Schmitd en su prisión. Esta entrevista está realizada por Cecilia G. de Guilarte, reportera del periódico anarquista CNT del Norte, y publicada en dicho periódico el 7 de enero de 1937.

Dani García

Mostramos a continuación una transcripción del texto de la entrevista:

Reportajes de C. N. T.

Nuestra reporter conversa con el aviador Schmidt Karl, que pilotaba uno de los aparatos incendiados por nuestros «cazas»

Yo creo que en España, todos o casi todos los periodistas, padecen del hígado. O de cualquier otra cosa. Y es natural. Ser en España periodista, tiene la misma importancia que vender garbanzos. Yo confieso que he sentido deseos de llorar, allá en mi juventud, al ver reflejadas en la pantalla las emocionantes aventuras de los periodistas americanos. Hasta deseé para España unos cuantos “gangster” que restasen monotonía a nuestra labor de escribidores, en un país donde siempre “reinaba la tranquilidad”. Luego nada, me amoldé y aparte del gran número de equilibrios a que el sueldo nos obliga, mi vida ha sido de una monotonía aplastante.
Pero hete aquí, que esta monotonía se trunca de repente. Después del combate aéreo del lunes tan maravilloso de resultados, mi ánimo estaba predispuesto a cualquier heroicidad.
Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca. Y también más joven. Me parecía que el cotidiano “tranquilidad en toda la provincia” del gobernador y el “niño mordido por un perro” de toda la vida se rebelaban, cansados, sin duda, de ser las noticias salientes del día.
—Uno de los aviadores fascistas ha resultado ileso—se decía.
Y la noticia se agrandaba. Corría kilómetros y se repetía de una a otra punta de la provincia.
—Hay que buscarlo-me he dicho—. ¿Cómo?
No quiere el lector saberlo. Imagínese todos los trucos periodísticos, todas las ventanas escaladas que quiera, y aún resultará pálido ante la realidad.
Bilbao era una ola de pasión. Se pedía la muerte del que con tan traidoras intenciones llegó a Vizcaya. La pedían las madres que saben de dolor y de ternuras. La pedía el pueblo sintiendo la bofetada alemana en pleno rostro. Los miembros del Gobierno Vasco aún reconociendo la razón que al pueblo asistía en su justa demanda, necesitaban esa vida por los informes que se pudieran obtener. Angustia en los ministerios. Pasión en la calle. Titubeos. Un hombre de pronto. Sólo él sería capaz de llevarse al preso pasándolo por entre la multitud impaciente ya para evitar que la justicia del pueblo se cumpliese con demasiada premura.
Y Schmidt Karl Gustav, el aviador alemán cuya vida un pueblo entero reclama, atravesó Bilbao, lleno el rostro de asombro y temor, ante las gentes agitadas en oleadas de sentimientos vengadores.
Era preciso verle, hablarle. He querido borrar de mi memoria las peripecias que esto me costó. Nunca podré olvidar sin embargo, el escalofrío que recorría mi cuerpo, cada vez que en la noche brillaba un fusil como dando calor a un ¡alto! cortante e imperativo.. Hieráticos, como estatuas vivientes, los centinelas parecían la personificación del deber. Bien visto estaba que por este lado nada conseguiría. Fué preciso recurrir a medios menos legales y más peligrosos. No puedo revelar el procedimiento ya que pienso quedarme con la exclusiva.
Lo hablé. Schmidt es un alemán más. Creo que en Berlín comería salchichas y bebería cerveza, si como dicen, es costumbre de los súbditos de Hitler. Aquí bebió agua con buena gana. Rubio, entre caoba y platino. Mandíbula fuerte, cuadrada. Ojos azules, pequeños como los de un lechoncillo rosado. Camisa negra. No habla francés ni español. Algo de inglés. Así nos entendemos.
—¿Cómo estás en España?—le he preguntado.
—Yo soy nacional-socialista—me dice—. Como otros muchos en Alemania llevaba mucho tiempo sin trabajo. Un día, los dirigentes de las Juventudes Hitlerianas nos ofrecieron un contrato para trabajar en España. Trescientas pesetas mensuales además de la comida y la ropa. Hace ya tres meses que llegué a Sevilla en un barco con tres compañeros más. En el Cuartel General de Sevilla, se nos controlaba de acuerdo con nuestra profesión, enviándosenos a los distintos frentes.
—¿Eres piloto?
—No. Soy oficial telegrafista. Manejo también la ametralladora.
—¿Cuantos tripulabais el aparato?
—Seis. Tres alemanes, un polaco y dos españoles.
—¿Era la primera vez que volabas sobre Vizcaya?
—También vine el domingo.
—¿Qué hicistes en estos tres meses?
—He volado sobre Madrid, hasta que órdenes superiores me trajeron al frente del Norte.
—¿Qué opinas de la aviación leal?
—Son valientes—responde lacónico.
—¿Y ahora?—le pregunto.
Hace un gesto de indiferencia. Se ve que lucha por aparecer tranquilo, sin conseguirlo. Hay en sus ojos azules una sombra de tristeza, parecida a la que se observa en las gallinas próximas al sacrificio. Con la vista fija en el suelo, contesta:
—Ya se que no saldré de aquí. Al principio creí que esto terminaría en seguida… todos lo creímos así.
Hemos quedado silenciosos. Se oye fuera el paso rítmico del centinela. Sentado en su camastro, el alemán ha imprimido a sus piernas un movimiento de péndulo.
Yo pienso en sus veinte años pletóricos de vida y lo veo llenos los ojos de nubes sangrientas, como un demonio que cruzase el espacio arrojando su carga mortífera sobre niños y mujeres. Tiene las manos blancas y grandes. Un solitario hace guiños a la luz. Parecerá una tontería, pero sus manos me son antipáticas.
—¿Has sentido miedo?—le pregunto.
—No, pero creí que me matarían en seguida.
—Ha costado gran trabajo evitarlo. ¿Por qué disparaste la ametralladora?
Se encoge de hombros sin contestar. Levanta la cabeza hasta fijar la vista en el techo y de nuevo sus piernas colgantes pendulan con precisión.
Se nota fuera el relevo de la guardia. Es preciso terminar la entrevista. Fuertes pisadas resuenan en los pasillos. Confieso que tengo miedo de mi audacia.
Karl me mira un momento y luego me pregunta:
—¿Me matarán?—Parece haber indiferencia en la pregunta y sin embargo sobrecoge como si una ráfaga de tragedia cruzase la habitación.
—No lo sé. Pero quien deja su hogar y su patria por ir a sembrar la muerte y el dolor entre los que ni siquiera conoce, no pagaría con cien vidas tanta maldad.
No sé si me ha comprendido. En su mirada se refleja una estupidez absoluta.
Al salir me encuentro molesta. Quisiera hablar de la crueldad de la guerra, de la sangre vertida, de nuestro heroísmo etc.; pero seis meses largos de guerra han agotado el repertorio. Y para no decir nada nuevo, prefiero terminar.
Que cada cual haga el comentario que mejor le parezca. Yo ya hice el mío.


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Dionisio Rentería, las vicisitudes de un niño de la guerra

Cuando nos dedicamos al rescate de la memoria de los terribles acontecimientos vividos en la pasada guerra civil española, uno de los trabajos más satisfactorios, a la vez que doloroso, es el de la recogida de los testimonios de aquellas personas que vivieron aquellos funestos sucesos. Cada vez son menos los protagonistas que lo vivieron luchando en cualquiera de los dos bandos, nos queda sacar del olvido los testimonios de aquellos que lo sufrieron siendo niños.

Dionisio Rentería evacuado en Girona

Dionisio Rentería, fotografiado en Girona durante su evacuación

Este es el caso de Dionisio Rentería, niño en la guerra, que vivió de manera trágica aquellos días y que lo hizo por diferentes escenarios, arrastrando las penalidades de un refugiado.

Nació en Mundaka el 11 de Octubre de 1924. Con seis años se traslada a vivir a Basauri, populosa localidad cercana a Bilbao, al quedar huérfano de madre, junto a sus tres hermanos. El inicio de la guerra sorprende a Dionisio en esta localidad, donde recuerda los camiones cargados de milicianos y gudaris que del Ayuntamiento partían para el frente, algunos armados con simples escopetas de caza pero la mayoría con la simple voluntad de detener al fascismo.

Como las clases se encontraban suspendidas, su padre le envía a casa de una hermana de su abuela que residía en un caserío situado en el barrio mungitarra de Billela, a medio camino entre Mungia y Maruri, enclavada en la Bizkaia rural. La vida se le torna dura, ya que comenzará a conocer lo que son los difíciles trabajos del caserío, calzado con unas simples alpargatas, Dionisio subía a los montes cercanos a realizar trabajos de pastoreo y recogida de leña; aún recuerda los pinchazos que la argoma le producían en sus piernas.

Pero la guerra seguía su imparable progreso y las tropas de Franco se aproximan a la zona del monte Jata(1). Un día que nuestro protagonista se hallaba cuidando las vacas de sus parientes de acogida, observó como un avión se acercaba a la zona donde pastoreaba el ganado, “volaba muy bajo, podía ver al piloto perfectamente” refiere, el ganado salió despavorido y al acercarse a su altura el piloto arrojó una granada de piña cerca de la zanja en la que Dionisio se ocultó para protegerse. No llegó a estallar y, en su inocencia, la recogió y la llevó al caserío donde el marido de su tía abuela, horrorizado, le conminó a que la arrojara al río adonde la echó. Ante la gravedad que suponía la proximidad del frente(2), el padre de Dionisio decide recoger a su vástago y llevarlo de nuevo a Basauri. Sin embargo, los acontecimientos se precipitaban y Basauri también sentía cercano los rigores de la guerra, casi todos los días los pasaba metido en los refugios, sobre todo en el de Bolintxu.

Refugiadas vascas en 1937

Refugiadas vascas en 1937
Fotografía en: http://www.iniciados.com

Nuevo éxodo con su familia compuesta por su madrastra, con la que se había casado su padre al quedar viudo y que aportaba un hijo a la familia, más los tres hermanos de nuestro testigo. Su padre se quedará en Basauri y estará preso de la justicia franquista durante unos meses. Esta vez el destino será Arcentales, localidad encartada, donde se alojará en el caserío de su abuela. Allí también, el conflicto armado se hará sentir rápidamente puesto que la batalla de San Roque o monte Kolitza(3) alcanzará esos parajes vizcaínos, sumiendo la zona en campo de batalla. El caserío donde se alojaba sufrió cercanos los bombardeos al estar localizado en las proximidades de una vía férrea que era objetivo de la aviación y la artillería franquista; “dos bombas cayeron cercanas al caserío de mi abuela, a apenas 30 metros, produciendo dos grandes boquetes que aun hoy en día son visibles” rememora Dionisio. El miedo se apodera de la familia pasando muchas noches metidos en una alcantarilla cercana al caserío, durmiendo sobre hierba seca que acomodaban dentro de la misma.

El frente avanza y con la pérdida de Bizkaia la peregrinación de la familia Rentería prosigue hacia Santander, alojándose en el teatro Pereda, donde las autoridades les dan para comer queso de bola. Al día siguiente son trasladados a Renedo de Piélagos, municipio situado a unos 20 kms. de la capital. Allí son albergados en un chalet ocupado anteriormente por milicianos y que se encontraba infestado de parásitos: “Allí nos llenamos de piojos y, de un cuartel próximo, nos traían un arroz seco, seco… a cada uno un cazo”. También hacían trueque con el jabón que les daban por aceite, cambiándolo en Torrelavega, adonde iban andando.

La inminente caída de Santander(4) en manos franquistas propició la huida de muchos refugiados que se encontraban en ella. La salida natural de aquel contingente humano era la vía marítima y en su puerto se agolparon numerosos ciudadanos que buscaban escapar del infierno que se aproximaba. La familia de Dionisio al completo consigue plaza en un barco inglés que sale del puerto de Santander. Al poco de zarpar, son interceptados por el crucero franquista “Almirante Cervera” que, tras una larga negociación y tras revisar el pasaje, les permite continuar rumbo a Francia.

En el país galo, una vez desembarcados, son enviados a Bayona, centro de acogida de refugiados, donde son examinados sanitariamente y enviados casi de inmediato, por vía férrea, a Caldas de Malavella (Girona), donde son alojados en un balneario(5) situado en dicha localidad. Aquí permanecen durante dos meses, hasta octubre, cuando la madre de Dionisio cae enferma de tifus. Las autoridades sanitarias deciden su traslado a Girona capital para su recuperación, aunque finalmente son acogidos por una familia en Santa Eufemia, localidad situada a escasos kms. de la capital, hoy en día absorbida por la urbe.

Economato para refugiados vascos en Catalunya

Economato para refugiados vascos en Catalunya
Fotografía en: http://getxosarri.blogspot.com.es

En este lugar permanecieron hasta enero de 1939. En Girona la vida para Dionisio y su familia se hizo más llevadera pues el Gobierno Vasco, a través de un economato, repartía alimentos entre los vascos residentes en la zona, lo que provocaba que el excedente de los mismos les sirviera para el intercambio de productos que los catalanes carecían, sobre todo aceite y azúcar.

El derrumbe del ejército republicano con la ofensiva franquista sobre Cataluña(6), va a suponer para Dionisio un nuevo desplazamiento, esta vez el más duro en la odisea vivida por la familia Rentería: el éxodo hacia la frontera francesa(7).

De Girona a Figueres caminando, durante aproximadamente 65 kms., junto a miles refugiados. Pero la tragedia no solo era andar esa enorme distancia, también tenía el drama añadido de los continuos ametrallamientos que la aviación franquista efectuaba sobre aquella caravana de indefensos seres. “…íbamos todos cargados, a mí me toco llevar seis mantas y andábamos noche y día. La aviación nos ametrallaba por la carretera, menos mal que había bastantes pinares y allí nos podíamos guarecer” todavía recuerda Dionisio como si hubiera sido ayer mismo. A medida que la macabra multitud avanzaba, disminuida por los heridos y muertos, iban abandonado multitud de objetos por las cunetas: maletas, ropas, enseres… con el fin de progresar más rápido y ligero y para poder ocultarse con celeridad de los ataques de los cazas nacionales. A Jesús(8), el hermano pequeño de Dionisio, que contaba con tan solo cuatro años, una camioneta de la Cruz Roja lo recoge para llevarlo a Figueras. Una vez allí son incapaces de encontrarlo pese a recorrer albergues, escuelas y hospitales, hasta que lo ven caminando integrado en una fila de niños cuyo destino era la Unión Soviética; al ver a su familia, el pequeño Juan abandona corriendo la fila para juntarse con sus familiares.

En Figueras lo que se vivía era indescriptible, miles de refugiados intentando subirse a los trenes que llevaban a la frontera. Pero a ese horror se añadían los bombardeos de la aviación fascista sobre la estación atestada de gente. Mareas humanas desplazándose horrorizadas cada vez que los bombarderos asomaban por el cielo. A Dionisio le desaparecieron las seis mantas que desde Girona custodiaba, así que en el siguiente bombardeo se ocultó debajo de un tren, guardando las maletas de la familia con la intención de evitar su robo, desde ese refugio improvisado veía los bombardeos que se sucedían sobre la estación.

Le Perthus principios de 1939

Refugiados llegados a Le Perthus a principios de 1939
Fotografía en: http://www.capcatalogne.com

Por fin pueden acceder a un tren que les transporta hasta Portbou(9), en esta población fronteriza permanecen tres días, durmiendo en los vagones y alimentándose de harina de maíz. Pese a estar tan cerca de la frontera las sombrías visitas de la aviación franquista eran continuas. El camino hacia el fin del terror de este hormiguero humano era de trescientos metros, distancia que separa la estación de Portbou del túnel del mismo nombre que marca la frontera hispano-gala. Una carrera a vida o muerte pues el recorrido era objetivo de los cazas rebeldes. “Yo tenía 14 años y llegaba fácil pero los niños con sus madres y los ancianos, esos, no llegaban al túnel, allí morían ametrallados, aquello cuando lo recuerdo todavía me dan ganas de llorar” revive con una mezcla de impotencia y tristeza nuestro personaje.

El éxodo de Dionisio continuó en Francia. Una vez en la frontera, la familia es enviada por las autoridades francesas a Rennes, capital de Bretaña, donde sus recuerdos son contradictorios: recuerda la buena comida, pero el alojamiento era en barracones de madera donde paso mucho frio. Además le reubicaron en la zona destinada a soldados, conviviendo con mutilados de guerra y donde cogió sarna y piojos.

La terrible odisea de nuestro basauritarra de adopción llega a su fin al cabo de dos meses de estancia en Rennes, cuando es repatriado junto a su familia.

A la frontera llegó con el miedo metido en el cuerpo después de las experiencias vividas durante la guerra, su paso por el puesto fronterizo va asociado al despojo, pues les arrebataron las pocas cosas de valor que aun poseían. Entraban en la “nueva España”.

Plácido Ugarte


(1) Cima costera situada en las proximidades de Bakio y Maruri. Los combates para su dominio se iniciaron el 14 de mayo de 1937, aunque desde el día 12 la zona ya era bombardeada, acabando el día 19 con su conquista por parte de las brigadas mixtas de Flechas Negras.
(2) Bilbao cae en manos franquistas el 19 de Junio de 1937.
(3) Cima perteneciente a la localidad de Balmaseda. El 30 de junio de 1937 la IV Brigada de Navarra se apoderó del monte Kolitza. Los días 27-28 y 29 de julio las tropas de la 12ª Brigada del Cuerpo del Ejército de Euzkadi intentaron infructuosamente su reconquista.
(4) El 26 de Agosto de 1937 la VI Brigada de Navarra y la División Littorio italiana hacían la entrada en Santander capital.
(5) Se trataría del balneario Vichy, célebre por su agua mineral envasada.
(6) La ofensiva sobre Cataluña se inició a finales de diciembre de 1938 finalizando el 11 de febrero con la conquista del pueblo gerundense de Llivia.
(7) Entre finales de enero y el mes de febrero ceca de 350.000personas huyeron a Francia a través de los pasos de Pertús, Portbou y otros puntos del Alt Empordá.
(8) Como curiosidad, Jesús Rentería llegaría a militar en las filas del Athletic club de Bilbao entre los años 1958 – 1964.
(9) Aproximadamente unos 150.000 refugiados cruzaron la frontera por este lugar.


    Fuente

  • Testimonio oral de Dionisio Rentería Aguirresarobe. Basauri 2015
    Bibliografía

  • Gudaris. Sancho de Beurko. Editorial La Gran Enciclopedia Vasca. 1977.
  • Guerra civil en Cantabria y pueblos del norte de Castilla. Jesus Gutierrez Flores. Libros en red. 2006.
  • IRARGI. Sistema Nacional de Archivos de Euskadi.
  • Vizcaya. José Manuel Martínez Bande. Editorial San Martin. 1971.
  • Museu Memorial de l’Exili. www.museuexlili.cat
  • 1937 Los niños evacuados a Francia y Belgica. Jesus J. Alonso Carballés. Asociación niños evacuados del 37. 1998.

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Desertores.

La Guerra Civil que nadie quiere contar

Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar
Pedro Corral
Ediciones Debolsillo, 2007

Soldados que huyeron, horrorizados ante una guerra que no les pertenecía; desertores de ambos bandos durante la Guerra Civil, que hoy explican sus motivos para hacer lo que hicieron: hermanos que se vieron enfrentados en bandos opuestos, republicanos desilusionados, brigadistas internacionales que se encontraron en un escenario muy distinto del que imaginaron… Todos ellos brindan su testimonio, después de haber sido perseguidos y castigados.

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Las columnas gallegas hacia Oviedo.
Diario bélico de la Guerra Civil Española (1936-37)

Las Columnas Gallegas hacia Oviedo. Diario bélico de la guerra civil española (1936-37)Emilio Grandío Seoane
Edicións Nigratrea, 2011

La obra que tiene el lector entre las manos se compone de dos partes complementarias. En la primera se pretende una aproximación a lo que supuso en los primeros meses del conflicto bélico el desplazamiento con carácter urgente de varios miles de soldados y voluntarios desde los cuarteles gallegos con el objetivo de «liberar» lo antes posible del asedio al Oviedo del sublevado general Aranda. La toma de la ciudad se convirtió en “el segundo Alcázar”. Solo habían pasado dos años desde la revolución fracasada de octubre de 1934: su papel simbólico entre las filas de los sublevados fue enorme.
En la segunda se transcribe el manuscrito titulado Apuntes de mi blok. Diario bélico-guerra civil española 1936-37, cuyo autor, Faustino Vázquez Carril, conocido en Monforte como el Meana, era un soldado de reemplazo del Parque de Artillería coruñés que se desplaza en los primeros días de agosto con las columnas gallegas hacia Oviedo. Faustino era un joven como tantos otros de aquellos años. Un chico formado en los Escolapios de Monforte al que le gustaba escribir y que tuvo la idea de redactar un diario de campaña con el deseo de verlo en algún momento publicado. El autor hace un recorrido por todo lo que ha escuchado y visto desde el 20 de julio de 1936, momento en el que está en su localidad natal de Monforte, hasta el hallazgo de su diario en los primeros días de 1937. El destino no jugó a su favor. Estos borradores, que en algunos de sus originales, conservados en el Archivo Militar de Ferrol, aún tienen el barro de los campos de batalla asturianos donde se redactaban a lápiz, fueron hallados en el Hospital de A Coruña donde se encontraba. Denunciado por las opiniones vertidas en él, Faustino pasó por un consejo de guerra, fue condenado a pena de muerte y finalmente fusilado.

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