La guerra como aventura.

La Legión Cóndor en la Guerra Civil Española 1936-1939

La guerra como aventura
Stefanie Schüler-Springorum
Alianza Editorial, 2014

La intervención de la Legión Cóndor en la Guerra Civil española fue crucial en la victoria de Franco. Los pilotos alemanes participaban es casi todas las batallas importantes llevando a cabo la primera guerra aérea contra la población civil de un país europeo. La autora no solo se detiene en operaciones de tanta relevancia simbólica como los bombardeos de Durango o Guernica sino que nos habla también de los crímenes de guerra cometidos contra pueblos como Bujalance, en Andalucía, o Granollers, en Cataluña.
Pero ¿cómo lo vivieron los pilotos mismos? ¿De dónde vinieron, cual era su trasfondo social y familiar, sus aspiraciones y experiencias en esta guerra no-declarada? ¿Cómo percibían la realidad que se les presentaba en las tierras españolas, qué imagen tenían de sus amigos y enemigos, cómo vivieron la lucha aérea y qué pensaban de las destrucciones y de la represión franquista? Sobre todo nos cuenta cómo vivieron la “aventura española” los voluntarios de la Luftwaffe.
“Hace sesenta años recibimos una visita inesperada en Gernika. Muchos de nosotros éramos aún niños, y vinieron hombres de un país extranjero que no nos conocían y a los que no conocíamos. Ni siquiera nos odiaban, porque no les habíamos hecho nada, pero tampoco nos veían como éramos realmente. Porque ellos estaban arriba y nosotros abajo”.
Declaración de testigos supervivientes de Gernika, publicada en el periódico alemán Pforzheimer Zeitung el 28 de abril de 1997.

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El día en que murió Guernica

El día en que murió Guernica
Gordon Thomas y Max Morgan-Witts
Plaza & Janés, 1977

El día en que murió Guernica es un documento humano conmovedor, un relato basado en las declaraciones de quienes vivieron los hechos. Los lectores seguirán, emocionados, los pasos de los protagonistas, todos los cuales amaban Guernica a su modo. La obra es también la historia de la Legión Cóndor, lo más selecto de las Fuerzas Aéreas alemanas, enviadas a España con objeto de prepararse para la inminente gran conflagración. En las últimas cuatro décadas, Guernica ha simbolizado los terrores de la guerra.
“Se bombardean los edificios. Los civiles salen a las calles. Después los ametrallan los cazas. La gente vuelve a los edificios, que son bombardeados de nuevo, y así sucesivamente.” Esta es en síntesis la técnica de la blitzkrieg, experimentada por primera vez en Guernica por la Legión Cóndor, el 26 de abril de 1937. Los autores emplearon 27 meses en investigar los hechos que motivaron el primer bombardeo a una poblacion civil. ¿Dónde aprendieron los alemanes sus técnicas bélicas de exterminio? Parece evidente que fue en España, durante la guerra civil. Guernica era el punto clave para comprender el sistema de ataque que Wolfram Von Richthofen, jefe del Estado mayor de la Legión Cóndor había ideado.”
Una de las características del libro es que por primera vez, la familia permitió el acceso a los documentos privados del militar alemán. Sobre el bombardeo de la ciudad vasca existía una notable confusión. Algunos creían que había sido incendiada por los propios habitantes de la villa para desprestigiar al general Franco (Guernica no fue bombardeada por mis fuerzas aéreas…, fue incendiada con gasolina por los propios vascos. Comunicado de Prensa del Cuartel del General Franco, 5 de mayo de 1937, reproducido en el libro); otros aceptaban la hipótesis de que había sido bombardeada por más de tres mil aviones, cifrándose en 15.000 los muertos. Tras las investigaciones de Thomas y Morgan-Wits, parece que el misterio quedó definitivamente resuelto la ciudad fue bombardeada por los pilotos alemanes y el número de muertos se puede cifrar en unos mil. Los autores afirman rotundamente que el acto se realizó sin el conocimiento de Franco, “se decidió el domingo 25 de abril, en un campo próximo a Vitoria y tras una conversación entre Von Richthofen y el coronel Juan Vigón, jefe de Estado Mayor del Ejército Norte”. “Si Franco hubiera hecho alguna declaración negando su participación hubiera tenido mejor prensa de la que tuvo después.”
Los historiadores británicos se entrevistaron con algunos de los pilotos supervivientes. Grabaron más de trescientas horas de entrevistas y probablemente el dato más aterrador sea el que ninguno de ellos sentía remordimiento por lo hecho. “Incluso uno comentó que había sido muy divertido.”
La razón que predispuso a Von Richtofen para decidir el bombardeo fue la rapidez con que avanzaban los ejércitos de Franco por el Norte. Si quería experimentar su táctica, tenía que hacerlo de manera inmediata. Posteriormente la sufrirían ciudades como Rotterdam, Coventry, Hamburgo y Dresde, entre muchas otras, durante la Segunda Guerra Mundial. El teniente coronel alemán fue ascendido a mariscal de campo y figuró entre los consejeros de Hitler.
Para Gordon Thomas la lección de Guernica radica en que si se hubiera producido una protesta firme a nivel de Gobiernos, es probable que las atrocidades que se cometieron en la Segunda Guerra Mundial, se hubiesen evitado.
“El libro pretende ser un homenaje a las gentes de Guernica que sobrevivieron a la tragedia”.

Este texto proviene de una entrevista realizada a los autores el 8 de mayo de 1976.

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Los soviéticos en el Gobierno Provisional de Euzkadi

Los soviéticos en el Gobierno Provisional de Euzkadi
Guillermo Tabernilla y Julen Lezamiz
Ediciones Beta III Milenio, 2012

Madrid, 1 de octubre de 1936. Rosemberg, embajador de la URSS, sigue con extraordinaria atención desde la tribuna diplomática del Congreso de los Diputados el desarrollo de la histórica sesión. Entre todos hay un discurso que se sale del molde.
El nacionalista vasco Aguirre termina con la frase “Hasta vencer al fascismo, el patriotismo vasco, el nacionalismo vasco, seguirá firme en su puesto”.
El discurso de Aguirre es aplaudido con entusiasmo y frenéticamente, destacando en el aplauso el sector comunista. Es el premio que los comunistas conceden siempre al valor y a la sinceridad.

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Nosotros si que entramos en Madrid,
27 de noviembre de 1936

Nosotros si que entramos en Madrid

Nosotros si que entramos en Madrid
Publicado en La Lucha de Clases, el 27 de noviembre de 1936

Chiste gráfico publicado en el semanario socialista vasco La Lucha de Clases, convertido en diario durante la Guerra Civil Española. Publicación editada en Bilbao desde 1894 y en cuyas páginas colaboraron firmas tan notables como Pablo Iglesias, Miguel de Unamuno o Indalecio Prieto. Fue dirigido por importantes figuras del socialismo vasco como Valentín Hernández Aldaeta, Luis Araquistáin o Tomás Meabe entre otros.
El último número de este diario fue publicado el 16 de junio de 1937, durante los días de la caída definitiva del Frente Vasco.
En la viñeta, publicada el 27 de noviembre de 1936, aparecen dos aviadores alemanes descendiendo en paracaídas hacia una ciudad, supuestamente derribados sobre Madrid. El objetivo del bando sublevado desde el principio de la guerra era tomar rápidamente Madrid y con esto, asestar un duro golpe al gobierno de la República y también a la moral del bando enemigo. Además, si la capital hubiera caído tan pronto, podría haber acortado significativamente la duración de la guerra. Con este pensamiento, los líderes sublevados, se jactaban de que pronto podrían entrar en la ciudad con sus tropas. Se desencadenaron sucesivas ofensivas para la toma de la urbe pero todas fueron detenidas y rechazadas por la férrea resistencia de las tropas republicanas y por el aguante y capacidad de sufrimiento de sus habitantes. A la vista de que Madrid resistía, las profecías y anuncios de una rápida caída de la ciudad que hacían y habían hecho los sublevados se convirtieron, en el lado republicano, en una cuestión de permanente mofa, al menos en estos primeros meses de guerra. Es lo que podemos ver en este documento: un chiste gráfico burlándose de las palabras y partes oficiales del adversario.
Lamentablemente, nada ha podido encontrar el que redacta esta pequeña reseña acerca del autor de este chiste gráfico, aún después de una exhaustiva búsqueda de información al respecto. La firma, que podría ser apellido o pseudónimo, parece indicarnos el texto “Arguelles“, o algo similar. Por ello, desde aquí, pido colaboración para terminar correctamente esta reseña, pudiendo mostrar en nombre y apellidos del artista, así como su historia y su destino después de la derrota en la guerra. Solicito, a quien pudiera tener información al respecto, se ponga en contacto con la Asociación Lubakikoak a través del formulario que aparece en la sección de Contacto de esta página.
De todos modos se quiere rendir un homenaje a este artista por su humor y sus trazos, con los que conseguiría, seguramente la sonrisa, sino la carcajada de cuantos lectores, defensores y combatientes del bando republicano, tuvieran la ocasión de haber tenido entre las manos este número de La Lucha de Clases.

Dani García


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Escritoras al frente.

Intelectuales extranjeras en la Guerra Civil

Escritoras al frente
Aránzazu Usandizaga
Editorial Nerea, 2007

Escritoras al frente investiga un ámbito desconocido de la escritura en torno a la Guerra Civil española: autobiografías, reportajes, relatos y poesía que escribieron las muchas autoras e intelectuales de lengua inglesa que se interesaron por la guerra española. Son textos que merecen consideración detenida tanto por su abundancia, su inspiración y su elocuencia, como, en general, por su rotunda originalidad.
Sigiendo casi siempre iniciativas independientes, estas mujeres se atrevieron a viajar a la España en guerra y a relatar sus impresiones con gran autoridad. Aunque sometidas tanto a los prejuicios clásicos sobre el país como a las presiones ideológicas y políticas dominantes, la intensidad de su experiencia española las transformó muy profundamente y las ayudó a comprender un mundo que estaba cambiando vertiginosamente, así como a fijar su identidad en el caos político, social y literario de la primera mitad del siglo XX.
Algunas de estas intelectuales son escritoras tan conocidas como Martha Gellhorn, Dorothy Parker, Lillian Hellman o Virginia Woolf.

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Entrevista a Karl Gustav Schmidt, aviador alemán derribado sobre Bilbao.
CNT del Norte, 7 de enero de 1937

Entrevista en CNT del Norte del 7-1-1937

Entrevista publicada en el periódico anarquista CNT del Norte.
7 de enero de 1937, página 4

El 4 de enero de 1937, sobre las tres de la tarde, se produjo un bombardeo sobre Bilbao por parte de la aviación alemana que combatía para la causa sublevada, desde noviembre de 1936 oficialmente llamada Legión Cóndor. Era el segundo intento de ese día; el primero, por la mañana, efectuado por cazas alemanes que operaban desde Vitoria-Gasteiz, fue desbaratado por la aviación republicana. Pero esa misma tarde volvieron, esta vez acompañados por nueve bombarderos trimotores Junkers Ju-52, para castigar nuevamente Bilbao y a su población civil (otras fuentes hablan de 5 Junkers Ju-52 alemanes, cuatro Fokker VII de la aviación sublevada, junto con la escolta de 13 cazas Heinkel He-51 también alemanes). De nuevo la aviación leal salió al encuentro de esta nueva incursión con los pocos aviones de que disponían. Como consecuencia, la formación sublevada quedó rápidamente deshecha y los bombarderos soltaron sus bombas desordenadamente para tratar de huir. Sin embargo, en el combate que se entabló, uno de los bombarderos cayó envuelto en llamas a cambio de uno de los cazas defensores que también fue derribado; la propaganda republicana habló de cuatro aviones enemigos derribados y, ni tan siquiera, admitió la pérdida del aparato propio, aún cuando su piloto murió en el accidente. Dos de los tripulantes del bombardero consiguieron saltar en paracaídas, fueron el sargento primero Adolf Herrmann, posiblemente artillero del avión, y su compañero el radiotelegrafista Karl Gustav Schmitd, de 21 años y natural de Rostock (Mecklemburg). Finalmente, el aparato se estrelló cerca de Alonsotegi; Adolf Hermann descendió en la zona de Jaro de Arana cayendo en manos de civiles, inmediatamente fue linchado y muerto; Schmitd, sin embargo, fue arrastrado por el viento hasta Enekuri, donde rápidamente fue detenido y conducido a lugar seguro en los locales de Presidencia del Gobierno Vasco.
Esa misma tarde, una multitud enfurecida por tantos bombardeos impunes sobre la población civil, asaltó las cárceles de Bilbao produciendo una terrible matanza entre los prisioneros allí retenidos.
Se muestra aquí un documento único, pues se trata de una entrevista a Karl Gustav Schmitd en su prisión. Esta entrevista está realizada por Cecilia G. de Guilarte, reportera del periódico anarquista CNT del Norte, y publicada en dicho periódico el 7 de enero de 1937.

Dani García

Mostramos a continuación una transcripción del texto de la entrevista:

Reportajes de C. N. T.

Nuestra reporter conversa con el aviador Schmidt Karl, que pilotaba uno de los aparatos incendiados por nuestros «cazas»

Yo creo que en España, todos o casi todos los periodistas, padecen del hígado. O de cualquier otra cosa. Y es natural. Ser en España periodista, tiene la misma importancia que vender garbanzos. Yo confieso que he sentido deseos de llorar, allá en mi juventud, al ver reflejadas en la pantalla las emocionantes aventuras de los periodistas americanos. Hasta deseé para España unos cuantos “gangster” que restasen monotonía a nuestra labor de escribidores, en un país donde siempre “reinaba la tranquilidad”. Luego nada, me amoldé y aparte del gran número de equilibrios a que el sueldo nos obliga, mi vida ha sido de una monotonía aplastante.
Pero hete aquí, que esta monotonía se trunca de repente. Después del combate aéreo del lunes tan maravilloso de resultados, mi ánimo estaba predispuesto a cualquier heroicidad.
Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca. Y también más joven. Me parecía que el cotidiano “tranquilidad en toda la provincia” del gobernador y el “niño mordido por un perro” de toda la vida se rebelaban, cansados, sin duda, de ser las noticias salientes del día.
—Uno de los aviadores fascistas ha resultado ileso—se decía.
Y la noticia se agrandaba. Corría kilómetros y se repetía de una a otra punta de la provincia.
—Hay que buscarlo-me he dicho—. ¿Cómo?
No quiere el lector saberlo. Imagínese todos los trucos periodísticos, todas las ventanas escaladas que quiera, y aún resultará pálido ante la realidad.
Bilbao era una ola de pasión. Se pedía la muerte del que con tan traidoras intenciones llegó a Vizcaya. La pedían las madres que saben de dolor y de ternuras. La pedía el pueblo sintiendo la bofetada alemana en pleno rostro. Los miembros del Gobierno Vasco aún reconociendo la razón que al pueblo asistía en su justa demanda, necesitaban esa vida por los informes que se pudieran obtener. Angustia en los ministerios. Pasión en la calle. Titubeos. Un hombre de pronto. Sólo él sería capaz de llevarse al preso pasándolo por entre la multitud impaciente ya para evitar que la justicia del pueblo se cumpliese con demasiada premura.
Y Schmidt Karl Gustav, el aviador alemán cuya vida un pueblo entero reclama, atravesó Bilbao, lleno el rostro de asombro y temor, ante las gentes agitadas en oleadas de sentimientos vengadores.
Era preciso verle, hablarle. He querido borrar de mi memoria las peripecias que esto me costó. Nunca podré olvidar sin embargo, el escalofrío que recorría mi cuerpo, cada vez que en la noche brillaba un fusil como dando calor a un ¡alto! cortante e imperativo.. Hieráticos, como estatuas vivientes, los centinelas parecían la personificación del deber. Bien visto estaba que por este lado nada conseguiría. Fué preciso recurrir a medios menos legales y más peligrosos. No puedo revelar el procedimiento ya que pienso quedarme con la exclusiva.
Lo hablé. Schmidt es un alemán más. Creo que en Berlín comería salchichas y bebería cerveza, si como dicen, es costumbre de los súbditos de Hitler. Aquí bebió agua con buena gana. Rubio, entre caoba y platino. Mandíbula fuerte, cuadrada. Ojos azules, pequeños como los de un lechoncillo rosado. Camisa negra. No habla francés ni español. Algo de inglés. Así nos entendemos.
—¿Cómo estás en España?—le he preguntado.
—Yo soy nacional-socialista—me dice—. Como otros muchos en Alemania llevaba mucho tiempo sin trabajo. Un día, los dirigentes de las Juventudes Hitlerianas nos ofrecieron un contrato para trabajar en España. Trescientas pesetas mensuales además de la comida y la ropa. Hace ya tres meses que llegué a Sevilla en un barco con tres compañeros más. En el Cuartel General de Sevilla, se nos controlaba de acuerdo con nuestra profesión, enviándosenos a los distintos frentes.
—¿Eres piloto?
—No. Soy oficial telegrafista. Manejo también la ametralladora.
—¿Cuantos tripulabais el aparato?
—Seis. Tres alemanes, un polaco y dos españoles.
—¿Era la primera vez que volabas sobre Vizcaya?
—También vine el domingo.
—¿Qué hicistes en estos tres meses?
—He volado sobre Madrid, hasta que órdenes superiores me trajeron al frente del Norte.
—¿Qué opinas de la aviación leal?
—Son valientes—responde lacónico.
—¿Y ahora?—le pregunto.
Hace un gesto de indiferencia. Se ve que lucha por aparecer tranquilo, sin conseguirlo. Hay en sus ojos azules una sombra de tristeza, parecida a la que se observa en las gallinas próximas al sacrificio. Con la vista fija en el suelo, contesta:
—Ya se que no saldré de aquí. Al principio creí que esto terminaría en seguida… todos lo creímos así.
Hemos quedado silenciosos. Se oye fuera el paso rítmico del centinela. Sentado en su camastro, el alemán ha imprimido a sus piernas un movimiento de péndulo.
Yo pienso en sus veinte años pletóricos de vida y lo veo llenos los ojos de nubes sangrientas, como un demonio que cruzase el espacio arrojando su carga mortífera sobre niños y mujeres. Tiene las manos blancas y grandes. Un solitario hace guiños a la luz. Parecerá una tontería, pero sus manos me son antipáticas.
—¿Has sentido miedo?—le pregunto.
—No, pero creí que me matarían en seguida.
—Ha costado gran trabajo evitarlo. ¿Por qué disparaste la ametralladora?
Se encoge de hombros sin contestar. Levanta la cabeza hasta fijar la vista en el techo y de nuevo sus piernas colgantes pendulan con precisión.
Se nota fuera el relevo de la guardia. Es preciso terminar la entrevista. Fuertes pisadas resuenan en los pasillos. Confieso que tengo miedo de mi audacia.
Karl me mira un momento y luego me pregunta:
—¿Me matarán?—Parece haber indiferencia en la pregunta y sin embargo sobrecoge como si una ráfaga de tragedia cruzase la habitación.
—No lo sé. Pero quien deja su hogar y su patria por ir a sembrar la muerte y el dolor entre los que ni siquiera conoce, no pagaría con cien vidas tanta maldad.
No sé si me ha comprendido. En su mirada se refleja una estupidez absoluta.
Al salir me encuentro molesta. Quisiera hablar de la crueldad de la guerra, de la sangre vertida, de nuestro heroísmo etc.; pero seis meses largos de guerra han agotado el repertorio. Y para no decir nada nuevo, prefiero terminar.
Que cada cual haga el comentario que mejor le parezca. Yo ya hice el mío.


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El Comienzo de la Guerra Civil en Euskadi.

A través de los documentos diplomáticos franceses

El comienzo de la Guerra Civil en Euskadi
Barruso Barés, Pedro; Jiménez de Aberásturi Corta, Juan Carlos
Obra Social Kutxa

Esta publicación ofrece al lector documentación -inédita en gran parte- elaborada por Jean Herbette, embajador de la República Francesa en España entre mayo de 1931 y octubre de 1937 que vivió en primera persona el comienzo y el desarrollo de la Guerra Civil en el País Vasco. Se incluye también una serie de capítulos introductorios con el objetivo de contextualizar al máximo esos documentos, así como aspectos de la biografía de J. Herbette. El libro contiene además una selección de fotografías de la época que provienen principalmente de la Fototeca Kutxa.

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Credere, Obbedire, Combattere.

Fascistas italianos en la Guerra Civil Española

Credere, Obbedire, CombattereDimas Vaquero Peláez
Mira Editores, 2007

Durante la Guerra Civil española se produjeron dos intervenciones italianas, una en cada bando contendiente: la de los voluntarios antifascistas que no dudaron en alistarse para defender la República y luchar contra el fascismo, y la de los legionarios fascistas enviados por Mussolini y que resultaron decisivos para el triunfo final de Franco.
El presente libro trata sobre la intervención de los legionarios fascistas. Unos 75 000 legionarios fascistas italianos sin escrúpulos pusieron en práctica los lemas fascistas de Credere, Obbedire, Combattere y el de Agredire per Vincere. Una parte de ellos creían ciegamente por lo que luchaban y obedecieron hasta sus últimas consecuencias en el combate. Otros fueron simples mercenarios que en situaciones difíciles se olvidaron de su credo y de su obediencia al Duce para pensar ante todo en sus vidas y en sus familias.
Su colaboración humana y material con el bando franquista resultaría decisiva para la victoria de los llamados nacionales; solo una escandalosa derrota, la de Guadalajara, les llevaría a ser objeto de burla en los dos bandos contendientes. Pero si decisivo fue su apoyo al general rebelde para la victoria, de escándalo se puede calificar el simultáneo apoyo clandestino de víveres que hizo a la República en los momentos más decisivos para esta.
Casi cuatro mil legionarios del duce dejaron en España sus vidas, originándose una amplia red de cementerios con soldados italianos, espacios de muerte y lugares de memoria que el franquismo supo aprovechar como soporte material de gran carga ideológica y justificar en ellos el levantamiento militar, convirtiendo a estos muertos en mártires por la religión y la “Nueva España”. Será el “Sagrario Militare” de Zaragoza el lugar más emblemático de estos espacios de muerte y memoria. Fue concebido por Mussolini para reagrupar en su Torre Osario los cuerpos de los caídos fascistas italianos. Hoy día se pretende que sea el monumento funerario a “todos los italianos” que dejaron en España sus vidas, fascistas y antifascistas.

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