Los que no perdieron la guerra.

España 1936-39

Los que no perdieron la guerraVíctor de Frutos
Editorial Oberón, 1968

Su autor Víctor de Frutos, argentino de nacimiento, luchó en el bando republicano desde los inicios del golpe militar de julio del 36.
En Madrid destacó por sus dotes de mando que le valió el ser ascendido a jefe de compañía, aupado por los propios milicianos, mandó el batallón 1º de Mayo y, a posteriori, fue comandante de la 4ª Brigada Mixta en el frente de la ciudad universitaria.
Fue destinado al frente norte junto a Ciutat, Nanetti, o Francisco Galán entre otros. Ocupó el cargo de jefe de la 6ª Brigada Mixta y de la 2ª División vasca a la muerte de Nino Nanetti. Al abandonar el frente norte se hizo cargo de la 10 ª División republicana.
El libro es un recorrido por los distintos frentes a los que acudió, pero no para hacer el relato de combates o maniobras del ejército, sino para sacar de cada frente personajes heroicos que conoció.
Así, por sus páginas vamos conociendo personajes como “el calabaza”, un miliciano comprometido con la causa republicana y su contrario Ramírez, crítico con lo que pasaba. El andaluz, “curdela consuetudinario”, que había encontrado una casa repleta de vino y que lo iba consumiendo a escondidas. En este mismo frente de Madrid conocemos al sargento de ametralladoras Antonio Prieto, que pasó al raso la noche en medio del campo de batalla, armado con “tres manojos de dinamita de seis cartuchos cada uno” con la intención de acabar con los tanques que, cada día al amanecer, destrozaban las trincheras republicanas. Lo consiguió pero a costa de su vida.
El relato del supersticioso teniente “Cele”, al que sus compañeros rompían en su presencia espejos o derramaban sal, para desespero del infortunado teniente y que desenmascaró a dos “sigilosos” atacantes en la noche, pero que ya estaban muertos para jolgorio de sus compañeros. También hay hueco para darnos a conocer al voluntario homosexual o como lo define Frutos, con “síntomas feminoides”, al que trata de apartar de la primera línea de combate sin conseguirlo pues, como dice el personaje, “Yo me enrolé para tirar tiros; moveré seguramente el cuerpo más de lo deseable, pero ya lo ve: voy para el frente”.
Para los interesados en el frente norte y en concreto en Bizkaia, Frutos nos hace un vivo retrato de la caída de Bilbao y, en concreto, de la última defensa en torno al eje Santo Domingo – Artxanda que él vivió en primera persona, y lo hace a través de la figura de Natalio Bustamante, “Bustan” como él lo llama, comandante del batallón nº 8 de la UGT. A través de su persona nos conduce a rememorar la heroicidad de los batallones que defendieron esas últimas posiciones y finalmente, ser testigos de la caída, con graves heridas, de Bustamante diciendo “Bilbao y yo caímos al mismo tiempo”.
También en el libro tienen cabida las epopeyas colectivas, como la toma del cuartel Campamento en la carretera a Extremadura en Madrid, o la toma de Puerto Castuera en el frente de Extremadura. En este mismo lugar nos relata la ruptura del frente de Sierra Trapera con la ocupación de varios pueblos, entre ellos Fuenteovejuna donde las fuerzas gubernamentales al ocupar dicha localidad celebraron una Misa, para sorpresa de sus habitantes, y colocando como oficiante de la misma a un sacerdote vasco que, procedente de las Milicias Vascas, estaba enrolado en la 10ª División. ¡Lástima que no recuerde el nombre!
Como colofón nos adentra el autor en los hechos de la toma de Cartagena por las tropas republicanas, después de caer en manos franquistas, con el conocido relato del hundimiento del buque “Castillo de Olite”.
La obra es entretenida y está escrita para todo tipo de público. Los amantes del estudio de la Guerra Civil no van a encontrar datos desconocidos, ni estudios militares o históricos de la contienda. El autor no lo pretende. El libro está escrito 30 años después de finalizada la guerra y la memoria se muestra remisa al recuerdo después de tantos años. Víctor de Frutos solo quiere que no caigan en el olvido aquellos héroes anónimos que “…fueron héroes durante la guerra y mártires después de ella.”

Plácido Ugarte

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