Ertzaña, cuerpo de policía vasca 1936-37

El 1 de octubre de 1936 entra en vigor el Estatuto vasco de Autonomía, en base al cual se constituye, poco después, el Gobierno autonómico. La seguridad pública, condicionada por la recién iniciada guerra civil, se convierte en un objetivo prioritario para el nuevo Ejecutivo. Para ello, el primer Gobierno Vasco de José Antonio Aguirre, asumiendo sus competencias de mantenimiento de la paz social y el orden público, disuelve los cuerpos de seguridad existentes (Guardia Civil y Guardia de Asalto), y crea una nueva organización policial que se llamó Ertzaña, aunque su primer nombre fue Policía Militar de Euzkadi. Este cuerpo estaba formado por la Ertzaña de a pie y la Ertzain Igilletua, o sección motorizada, con unos efectivos conjuntos cercanos a los mil quinientos agentes. Todos sus miembros eran vascos y hablaban el euskera, militando la mayoría de ellos en el P.N.V.
La palabra Ertzaiña (erri-zaña “Cuidador del pueblo”) fue creada por Esteban Urkiaga “Lauaxeta”, famoso escritor nacionalista vasco fusilado por los sublevados durante la Guerra Civil Española.
Al iniciarse en la primavera de 1937 la ofensiva sobre Vizcaya, la Policía Motorizada fue encargada del servicio de enlace entre los cuarteles generales de Divisiones y Brigadas, manteniendo dicho enlace por medio de automóviles con radio. Estas emisoras móviles prestaron también un importante servicio interceptando las emisoras de campaña nacionales.
La Ertzaña también estuvo presente en los campos de batalla, relevando a las tropas combatientes: así, por ejemplo, estuvieron en Akondia, Usartza, Santa Eufemia, Gorbea, Eibar…
Además, fueron los encargados de la intervención en los destructores José Luis Díaz y Ciscar, tomando al asalto ambos barcos y sustituyendo sus tripulaciones por otras cuya lealtad no estuviera en entredicho, como lo estaban las originales.
Asímismo intervino en la contención y paralización del famoso asalto a las cárceles bilbainas, tras un durísimo bombardeo sobre Bilbao por parte de la aviación del ejército sublevado, que originó una terrible venganza ejecutada
sobre los presos de las cárceles por parte de milicianos.
La última misión de la Ertzaña fue la voladura de los puentes de Bilbao, protegiendo, de esta manera, la retirada del Euzko Gudarostea (Ejército Vasco) hacia Cantabria, y tuvo que ocuparse de pasar todas las tropas de la margen derecha a la izquierda antes de qué se cumpliera este mandato.
Después de esto, muchos miembros de la Ertzaña, tanto de la policía motorizada como la de a pie, permanecieron en Bilbao hasta la caída de la capital en poder de las tropas sublevadas y se rindieron a éstas, el resto es una larga historia de juicios y condenas.
Concluida la contienda, se disuelve la Ertzaña, si bien tal medida no se refleja en ninguna norma legal pues el régimen franquista obra como si dicha institución no hubiera existido nunca.


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