Días de plomo: Gallegos en la defensa de Donostia, julio de 1936
(II parte)

En Bilbao la intentona golpista había sido controlada sin demasiadas complicaciones por el gobernador civil, el pontevedrés José Echeverría Novoa. Conocedores allí de los combates desarrollados en las calles donostiarras, se solicitan voluntarios para integrar una columna que acuda en ayuda de la capital gipuzkoana. Éstos deben presentarse en un instituto bilbaíno frente a Correos. Finalmente parten 166 hombres; a su frente un gallego, Justo Rodríguez Rivas. Natural de Verín (Ourense), era guardia de asalto con grado de teniente. Descabezada la rebelión en Bilbao, la duda sobre sus verdaderas inclinaciones políticas dieron con sus huesos en una celda. Avalado por el Teniente Coronel Gabriel Aizpuru y por Francisco Ciutat, es puesto en libertad y se le encomienda la dirección de la citada columna.(1)

Salen la mañana del día 22 de julio, de camino se desvían a Mondragón porque el destacamento local de la guardia civil se ha sublevado y se niegan a abandonar el cuartel; Justo Rodríguez se aproxima y parlamenta con el oficial al mando consiguiendo que depongan su actitud y se unan a la columna. Precisamente en esta población coincide con Augusto Pérez Garmendia y enseguida ponen rumbo a Donostia junto a un tercer grupo que desde Eibar salva el trayecto en ferrocarril.(2)

Llegados a las cercanías de la ciudad se decide penetrar por dos puntos mientras el tren continúa hasta la Estación del Norte. Justo Rodríguez se abre paso por Aldapeta; en vanguardia un blindado artesanal con milicianos gallegos de Trintxerpe avanza por la calle Urbieta, recibe el impacto de un mortero que lo hace volcar, sus ocupantes corren ilesos a resguardarse.

A su vez Pérez Garmendia hace aparición por Miraconcha y la calle San Martín sorprendiendo a los rebeldes que se ven obligados a pasar a la defensiva. El tren de Eibar se detiene en la estación, los milicianos se precipitan fuera y son recibidos por la ametralladora sita al final de la calle Iztueta, hay algunas bajas vistas y las milicias quedan fijadas en el andén.

Casino de San Sebastián después de los combates

Casino de la ciudad (actual ayuntamiento) después de los combates.
Fotografía tomada de http://www.donostia.org/

Los combates se recrudecen y Pérez Garmendia se hace cargo de las operaciones, para ello enlaza con los responsables de la CNT y establece el puesto de mando en los bajos del número 47 de la calle Easo.(3) Tras sucederse unas horas más de combates los rebeldes optan por retirarse, algunos consiguen alcanzar los cuarteles, mientras otros se atrincheran en diferentes edificios de la ciudad en espera de ser auxiliados por sus camaradas de armas: El Casino, el Club Náutico, la Equitativa, el Gobierno Militar, el Círculo Easonense y el Hotel María Cristina. Pasado el meridiano del día, las milicias se dedicarán a sofocar los núcleos que todavía resisten.

En el puerto de Pasaia permanece atracado el Torpedero Nº3 de la marina, milicianos de Avance Marino, de UGT y del PC lo abordan y toman el control del mismo ante la pasividad de la tripulación y del teniente Amador González.(4) Persuaden al oficial de la conveniencia de poner rumbo a la bahía de la Concha y hostigar las plazas ocupadas por los rebeldes, éste se niega tajante, no quiere responsabilizarse de los posibles daños colaterales que pueda causar el ataque. Entonces Juan Varela, secretario de Avance Marino extiende un documento firmado donde exime al teniente de toda culpa recayendo en su persona toda responsabilidad.(5) El torpedero enfila proa hacia la isla de Santa Clara y abren fuego contra el Club Náutico y el Casino con parco resultado. Las baterías de Ametzagaña los obligan a retirarse.

La tarde avanza inexorable y los focos de resistencia son sofocados, bien porque son tomados al asalto (como es el caso del Casino) o porque son abandonados o sus ocupantes enarbolan bandera blanca. Todos excepto el hotel María Cristina que continúa aguantando las embestidas de los milicianos. Las ametralladoras rebeldes son dueñas absolutas del paso del puente del Kursaal donde permanece abandonado un camión blindado con sus dos ocupantes muertos; incluso se ha intentado aproximar un camión cisterna de la CAMPSA para rociar el hotel con gasolina.(6) El plan se frustró con la muerte del conductor cuando enfilaba el camión hacia las verjas del hotel.

Nuevamente entran en liza los pescadores gallegos con el Torpedero Nº 3, esta vez desde la desembocadura del Urumea, el objetivo es obviamente el hotel. No consiguen alcanzar el objetivo pero algunos proyectiles impactan contra el Teatro María Eugenia donde las milicias del Frente Popular se guarecen. Garmendia es tajante y ordena que se retiren. La participación del torpedero causó una fuerte impresión a los sitiados y comenzó a abrirse una brecha en la moral. Al cabo de unas horas sábanas blancas son descolgadas de las ventanas, el hotel se rinde.

Tras la caída del hotel la Estación del Norte y La Equitativa son abandonados; la ya famosa ametralladora de la calle Iztueta es silenciada con una pieza de artillería que consigue que sus servidores la abandonen a su suerte.

La ciudad queda en manos de las organizaciones obreras que enseguida se afanan en plasmar, por un breve período de tiempo, sus teorías sociales. Pero una preocupación mayor viene a canalizar los esfuerzos del Frente Popular; los cuarteles de Loyola y las alturas inmediatas todavía representan un peligro real que deben atajar de inmediato.

Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe

Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe.
Fotografía en http://www.donostia.org/

El 24 de julio las milicias comienzan a hostigar las posiciones rebeldes que son rodeadas; se asalta el cementerio de Polloe donde Justo Rodríguez dirige a las milicias entre las cuales hay numerosos marineros de Trintxerpe. Las milicias son contenidas por los tiradores de élite, las bajas son cuantiosas por lo que el ataque se paraliza, ocupándose diferentes posiciones en torno a los cuarteles, a Polloe y Ametzagaña. Se corta el suministro de luz y agua del cuartel.

El 25 se opta por cambiar de táctica, un viejo avión apodado el “Abuelo” deja caer sobre los cuarteles octavillas con mensajes de los familiares de los soldados, algunos desertan cuando van a hacer la aguada.

El día 26 se asaltan simultáneamente el alto de Ametzagaña y el cementerio de Polloe(7); en la refriega en el cementerio el teniente de asalto Justo Rodríguez Rivas es herido de gravedad en el vientre. Luis Arbella también se encuentra en el mismo lugar, esto es lo que nos cuenta:

Estábamos nosotros allí en posiciones (en el cementerio de Polloe), y un buen día sacaron ellos una bandera blanca para parlamentar. Íbamos a ir: entre ellos Antxon Andonegui, yo y algunos más y los militares no dejaron, porque tenían que ser ellos los que tenían que ir a parlamentar. Y efectivamente salió (¿Cómo se llamaba aquel Teniente de Asalto?¿Cómo?). No me acuerdo. Bueno salieron tres y cuando estuvieron a huevo, como generalmente se dice, ellos tiraron y nos mataron a alguien. Iban a parlamentar y los mataron en el camino.(8)

Justo Rodríguez no fallece allí mismo, si no que es trasladado al Hospital San Ignacio donde muere pocas horas después.(9) Posteriormente el cuerpo será trasladado a Bilbao donde se oficiará el sepelio con la presencia de autoridades.(10)

Los combates se suceden en los alrededores del cuartel, un avión gubernamental entra en liza y arroja dos bombas que causan graves desperfectos en uno de los muros de los cuarteles. El ataque exaspera a Vallespín que quiere a toda costa enviar un escrito en tono amenazador a las autoridades civiles, pero se topa con la oposición de la oficialidad, a cuya cabeza Carrasco junto al comandante Herce son de la opinión de tomar una actitud más conciliadora invitándoles a parlamentar. Finalmente consiguen imponerse bajo la condición de que los receptores fuesen los diputados, ya que para Vallespín eran la única autoridad civil que consideraba legítima.

A la mañana siguiente se decreta un tenso alto el fuego y en el puente de ingreso a los cuarteles se encuentran ambas partes. Por parte de los militares hacen acto de presencia el coronel Carrasco, el teniente coronel Vallespín y el comandante Herce; de parte de las autoridades civiles acuden a la cita los diputados Miguel Amilibia (PSOE), Irazusta, Manuel de Irujo, Picabea y Lasarte (todos del PNV).

Los diputados exigen la rendición incondicional; Vallespín obviamente se niega tajante a aceptar estas condiciones “Eso es: que el ratón imponga condiciones al gato.(11) Los diputados dan un tiempo a los militares para que reflexionen sobre lo propuesto o para que aporten otras sugerencias que se puedan tener en cuenta.

La moral de los sitiados no vive sus mejores momentos, Vallespín se encuentra solo una vez más, la mayoría de los oficiales se inclinan por capitular y la idea de intentar una salida para enlazar con los navarros es desechada porque no confían en la lealtad de la tropa una vez fuera. Vallespín huye a las 6:30 horas de los cuarteles y se refugia en el cercano monasterio de Uba (desde donde es testigo de la rendición), más tarde en Astigarraga un coche lo conducirá a Pamplona.

Milicianos de la CNT en el asalto al cuartel de Loyola

Milicianos de la CNT haciendo acopio de armas tras la toma de los cuarteles.
Fotografía en Archivo CNT

Aprovechando al confusión inicial, miembros de la CNT introducen camiones por la parte posterior de los cuarteles y se hacen con un botín de 1.400 fusiles y municiones que almacenaron en el cuartel que los gallegos pasaitarras tenían en Bidebieta.(12) Esta acción no sienta nada bien a sus aliados que exigen la repartición de los fusiles; la CNT se niega alegando que cuando se tomó el hotel María Cristina fueron excluidos del reparto de armas.

La presencia de gallegos en los combates registrados en la capital gipuzkoana entre los días 22 y 28 de julio de 1936 en las filas, mayormente de la CNT, es destacada. Al contingente galaico del sindicato trintxerpetarra Avance Marino ya de por si elevado, hay que sumar la llegada de al menos dos barcos pesqueros a Pasai-San Pedro que venían huyendo de Galicia. Desconocemos el puerto de partida, pero recientes estudios de Dionisio Pereira apuntan que antes el 22 de julio hay localizadas dos fugas por mar desde la provincia de A Coruña.(13) Cuatro tripulantes de estos pesqueros resultaron fallecidos durante los combates donostiarras: Manuel Ramos Sanpedro, José Lage Iza, Serafín Ubeira y Clemente Queipo.(14)

Sergio Balchada


(1) Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978
(2) A su regreso a la capital guipuzcoana la columna estaba integrada por 3000 hombres, a los 166 voluntarios con los que había partido desde Bilbao el Teniente de Aslato Justo Rodríguez, se habían sumado 300 milicianos bilbaínos y 300 dinamiteros asturianos, además en la población se unieron más milicianos de la comarca del Deba, en Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
(3) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(4) Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
(5) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(6) Testimonio de Mateo Balbuena al autor en entrevista realizada e 3/06/2010 en Lezama (Araba)
(7) Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011
(8) Luis Arbella estaba afiliado a la UGT, más tarde entraría a formar parte del Bon. Rusia. Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
(9) Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
(10) Frente Popular, 25/07/1936.
(11) De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
(12) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(13) Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
(14) Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.


    Bibliografía

  • Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
  • Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011.
  • Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.
  • Chiapuso, Manuel; Jiménez de Aberasturi, Luis Mª. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
  • De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
  • Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
  • Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.
  • Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.
  • Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
  • Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.
  • Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
  • Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
  • Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
    Otras Fuentes

  • Hemeroteca de Koldo Mitxelena Kulturunea
  • Entrevista al miliciano comunista Mateo Balbuena el 03/06/2010.

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