Amaos los unos a los otros,
12 de agosto de 1936

Amaos los unos a los otros

Amaos los unos a los otros.
Publicado en La Libertad, el 12 de agosto de 1936

Chiste gráfico Amaos los unos a los otros, por Bluff, seudónimo de Carlos Gómez Carrera, publicado en La Libertad el 12 de agosto de 1936. Esta viñeta satiriza el posicionamiento y la participación de la iglesia y de las esferas religiosas, desde el primer momento, en la sublevación y posterior Guerra Civil Española.
Aunque había parte del bando republicano que había luchado contra la iglesia y el poder que ostentaba antes del conflicto, es bien cierto que muchos de los que permanecieron del lado de la República también eran católicos, creyentes e incluso miembros de esa misma iglesia, a los que, los dirigentes y muchos de los integrantes del clero, abandonaron, delataron y persiguieron contribuyendo o permitiendo su represión.
La de Bluff fue una firma asidua de la prensa humorística de Madrid. Durante su prolífica carrera dibujó para títulos como Macaco, Gutiérrez, Buen Humor, y en revistas como Estampa o Nuevo mundo. Llegada la Segunda República, también lo hizo en el semanario ¡PUM!, “Portavoz del humorismo republicano”. La guerra comenzó mientras Bluff era dibujante fijo en el diario madrileño La Libertad. En este periódico trabajó hasta finales de 1936 para, durante la guerra, colaborar ya desde Valencia, con publicaciones republicanas como Adelante, La Correspondencia de Valencia y La Traca. Encarcelado tras la contienda, trabajó para intentar reducir su condena en el periódico de prisiones Redención, donde su humor e ironía eran seguidos por multitud de presos, algo que no pasó desapercibido para sus carceleros y los que le habían condenado.
Por la viñeta mostrada aquí, y por otras muchas caricaturas y chistes gráficos que Bluff firmó durante su trayectoria profesional, tristemente y dando prueba del nivel de ajuste de cuentas y venganza existente tras la contienda, Carlos Gómez Carrera, un dibujante, un artista, un humorista, fue fusilado en Paterna (Valencia) en 1940.

Dani García


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Plazuela Santos Juanes de Bilbao

Mostramos, en esta sección de Documentos de época, tres momentos en forma de fotografías de la historia de la Plazuela Santos Juanes en Bilbao (Bizkaia).
La primera de ellas documenta la llegada de las tropas republicanas tras la retirada de Gipuzkoa, caída ya en manos enemigas, en Septiembre de 1936.
En la segunda, se observa la entrada de las tropas sublevadas en la ciudad de Bilbao, tras la caída de esta, en junio de 1937.
Por último, en la tercera fotografía vemos el aspecto de la Plazuela Santos Juanes en la actualidad.

Documentos enviados por Aitor Zenekorta


    Fuentes fotográficas

  • Llegada de tropas republicanas a Bilbao tras la retirada de Gipuzkoa:
    Fotografía en: http://tbrus.ucoz.ru
  • Entrada en Bilbao de las tropas sublevadas tras la caída de la ciudad:
    Fotografía en: http://getxosarri.blogspot.com.es
  • Plazuela Santos Juanes en la actualidad:
    Fotografía de Aitor Zenekorta.

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Periódico Eguna nº94.
21 de abril de 1937

Eguna nº94. Eguna fue el primer periódico publicado íntegramente en euskera, siendo junto con el diario en castellano Euzkadi, las publicaciones oficiales del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Se comenzó a publicar en plena Guerra Civil Española, su primer número vió la luz el 3 de enero de 1937 y el último el 13 de junio de ese mismo año, unos días antes de la caída de Bilbao.
Como periódico de guerra que fue, se repartía principalmente entre los batallones nacionalistas en el frente y estaba escrito por periodistas movilizados por la contienda.
En esta sección de Documentos de Época seguiremos publicando algunos números de este periódico para su consulta.

Número 94, del 21 de abril de 1937:

Documento compartido por Aitor Zenekorta

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Nosotros si que entramos en Madrid,
27 de noviembre de 1936

Nosotros si que entramos en Madrid

Nosotros si que entramos en Madrid
Publicado en La Lucha de Clases, el 27 de noviembre de 1936

Chiste gráfico publicado en el semanario socialista vasco La Lucha de Clases, convertido en diario durante la Guerra Civil Española. Publicación editada en Bilbao desde 1894 y en cuyas páginas colaboraron firmas tan notables como Pablo Iglesias, Miguel de Unamuno o Indalecio Prieto. Fue dirigido por importantes figuras del socialismo vasco como Valentín Hernández Aldaeta, Luis Araquistáin o Tomás Meabe entre otros.
El último número de este diario fue publicado el 16 de junio de 1937, durante los días de la caída definitiva del Frente Vasco.
En la viñeta, publicada el 27 de noviembre de 1936, aparecen dos aviadores alemanes descendiendo en paracaídas hacia una ciudad, supuestamente derribados sobre Madrid. El objetivo del bando sublevado desde el principio de la guerra era tomar rápidamente Madrid y con esto, asestar un duro golpe al gobierno de la República y también a la moral del bando enemigo. Además, si la capital hubiera caído tan pronto, podría haber acortado significativamente la duración de la guerra. Con este pensamiento, los líderes sublevados, se jactaban de que pronto podrían entrar en la ciudad con sus tropas. Se desencadenaron sucesivas ofensivas para la toma de la urbe pero todas fueron detenidas y rechazadas por la férrea resistencia de las tropas republicanas y por el aguante y capacidad de sufrimiento de sus habitantes. A la vista de que Madrid resistía, las profecías y anuncios de una rápida caída de la ciudad que hacían y habían hecho los sublevados se convirtieron, en el lado republicano, en una cuestión de permanente mofa, al menos en estos primeros meses de guerra. Es lo que podemos ver en este documento: un chiste gráfico burlándose de las palabras y partes oficiales del adversario.
Lamentablemente, nada ha podido encontrar el que redacta esta pequeña reseña acerca del autor de este chiste gráfico, aún después de una exhaustiva búsqueda de información al respecto. La firma, que podría ser apellido o pseudónimo, parece indicarnos el texto “Arguelles“, o algo similar. Por ello, desde aquí, pido colaboración para terminar correctamente esta reseña, pudiendo mostrar en nombre y apellidos del artista, así como su historia y su destino después de la derrota en la guerra. Solicito, a quien pudiera tener información al respecto, se ponga en contacto con la Asociación Lubakikoak a través del formulario que aparece en la sección de Contacto de esta página.
De todos modos se quiere rendir un homenaje a este artista por su humor y sus trazos, con los que conseguiría, seguramente la sonrisa, sino la carcajada de cuantos lectores, defensores y combatientes del bando republicano, tuvieran la ocasión de haber tenido entre las manos este número de La Lucha de Clases.

Dani García


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Periódico Eguna nº1.
3 de enero de 1937

Eguna fue el primer periódico publicado íntegramente en euskera, siendo junto con el diario en castellano Euzkadi, las publicaciones oficiales del Partido Nacionalista Vasco (PNV).
Se comenzó a publicar en plena Guerra Civil Española, su primer número vió la luz el 3 de enero de 1937 y el último el 13 de junio de ese mismo año, unos días antes de la caída de Bilbao.
Como periódico de guerra que fue, se repartía principalmente entre los batallones nacionalistas en el frente y estaba escrito por periodistas movilizados por la contienda.
En esta sección de Documentos de Época iremos publicando los números de este periódico para su consulta.

Este es el número 1, del 3 de enero de 1937:

Documento compartido por Aitor Zenekorta

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Entrevista a Karl Gustav Schmidt, aviador alemán derribado sobre Bilbao.
CNT del Norte, 7 de enero de 1937

Entrevista en CNT del Norte del 7-1-1937

Entrevista publicada en el periódico anarquista CNT del Norte.
7 de enero de 1937, página 4

El 4 de enero de 1937, sobre las tres de la tarde, se produjo un bombardeo sobre Bilbao por parte de la aviación alemana que combatía para la causa sublevada, desde noviembre de 1936 oficialmente llamada Legión Cóndor. Era el segundo intento de ese día; el primero, por la mañana, efectuado por cazas alemanes que operaban desde Vitoria-Gasteiz, fue desbaratado por la aviación republicana. Pero esa misma tarde volvieron, esta vez acompañados por nueve bombarderos trimotores Junkers Ju-52, para castigar nuevamente Bilbao y a su población civil (otras fuentes hablan de 5 Junkers Ju-52 alemanes, cuatro Fokker VII de la aviación sublevada, junto con la escolta de 13 cazas Heinkel He-51 también alemanes). De nuevo la aviación leal salió al encuentro de esta nueva incursión con los pocos aviones de que disponían. Como consecuencia, la formación sublevada quedó rápidamente deshecha y los bombarderos soltaron sus bombas desordenadamente para tratar de huir. Sin embargo, en el combate que se entabló, uno de los bombarderos cayó envuelto en llamas a cambio de uno de los cazas defensores que también fue derribado; la propaganda republicana habló de cuatro aviones enemigos derribados y, ni tan siquiera, admitió la pérdida del aparato propio, aún cuando su piloto murió en el accidente. Dos de los tripulantes del bombardero consiguieron saltar en paracaídas, fueron el sargento primero Adolf Herrmann, posiblemente artillero del avión, y su compañero el radiotelegrafista Karl Gustav Schmitd, de 21 años y natural de Rostock (Mecklemburg). Finalmente, el aparato se estrelló cerca de Alonsotegi; Adolf Hermann descendió en la zona de Jaro de Arana cayendo en manos de civiles, inmediatamente fue linchado y muerto; Schmitd, sin embargo, fue arrastrado por el viento hasta Enekuri, donde rápidamente fue detenido y conducido a lugar seguro en los locales de Presidencia del Gobierno Vasco.
Esa misma tarde, una multitud enfurecida por tantos bombardeos impunes sobre la población civil, asaltó las cárceles de Bilbao produciendo una terrible matanza entre los prisioneros allí retenidos.
Se muestra aquí un documento único, pues se trata de una entrevista a Karl Gustav Schmitd en su prisión. Esta entrevista está realizada por Cecilia G. de Guilarte, reportera del periódico anarquista CNT del Norte, y publicada en dicho periódico el 7 de enero de 1937.

Dani García

Mostramos a continuación una transcripción del texto de la entrevista:

Reportajes de C. N. T.

Nuestra reporter conversa con el aviador Schmidt Karl, que pilotaba uno de los aparatos incendiados por nuestros «cazas»

Yo creo que en España, todos o casi todos los periodistas, padecen del hígado. O de cualquier otra cosa. Y es natural. Ser en España periodista, tiene la misma importancia que vender garbanzos. Yo confieso que he sentido deseos de llorar, allá en mi juventud, al ver reflejadas en la pantalla las emocionantes aventuras de los periodistas americanos. Hasta deseé para España unos cuantos “gangster” que restasen monotonía a nuestra labor de escribidores, en un país donde siempre “reinaba la tranquilidad”. Luego nada, me amoldé y aparte del gran número de equilibrios a que el sueldo nos obliga, mi vida ha sido de una monotonía aplastante.
Pero hete aquí, que esta monotonía se trunca de repente. Después del combate aéreo del lunes tan maravilloso de resultados, mi ánimo estaba predispuesto a cualquier heroicidad.
Ante los aparatos fascistas destrozados, ante los cadáveres carbonizados de los aviadores alemanes me he sentido más periodista que nunca. Y también más joven. Me parecía que el cotidiano “tranquilidad en toda la provincia” del gobernador y el “niño mordido por un perro” de toda la vida se rebelaban, cansados, sin duda, de ser las noticias salientes del día.
—Uno de los aviadores fascistas ha resultado ileso—se decía.
Y la noticia se agrandaba. Corría kilómetros y se repetía de una a otra punta de la provincia.
—Hay que buscarlo-me he dicho—. ¿Cómo?
No quiere el lector saberlo. Imagínese todos los trucos periodísticos, todas las ventanas escaladas que quiera, y aún resultará pálido ante la realidad.
Bilbao era una ola de pasión. Se pedía la muerte del que con tan traidoras intenciones llegó a Vizcaya. La pedían las madres que saben de dolor y de ternuras. La pedía el pueblo sintiendo la bofetada alemana en pleno rostro. Los miembros del Gobierno Vasco aún reconociendo la razón que al pueblo asistía en su justa demanda, necesitaban esa vida por los informes que se pudieran obtener. Angustia en los ministerios. Pasión en la calle. Titubeos. Un hombre de pronto. Sólo él sería capaz de llevarse al preso pasándolo por entre la multitud impaciente ya para evitar que la justicia del pueblo se cumpliese con demasiada premura.
Y Schmidt Karl Gustav, el aviador alemán cuya vida un pueblo entero reclama, atravesó Bilbao, lleno el rostro de asombro y temor, ante las gentes agitadas en oleadas de sentimientos vengadores.
Era preciso verle, hablarle. He querido borrar de mi memoria las peripecias que esto me costó. Nunca podré olvidar sin embargo, el escalofrío que recorría mi cuerpo, cada vez que en la noche brillaba un fusil como dando calor a un ¡alto! cortante e imperativo.. Hieráticos, como estatuas vivientes, los centinelas parecían la personificación del deber. Bien visto estaba que por este lado nada conseguiría. Fué preciso recurrir a medios menos legales y más peligrosos. No puedo revelar el procedimiento ya que pienso quedarme con la exclusiva.
Lo hablé. Schmidt es un alemán más. Creo que en Berlín comería salchichas y bebería cerveza, si como dicen, es costumbre de los súbditos de Hitler. Aquí bebió agua con buena gana. Rubio, entre caoba y platino. Mandíbula fuerte, cuadrada. Ojos azules, pequeños como los de un lechoncillo rosado. Camisa negra. No habla francés ni español. Algo de inglés. Así nos entendemos.
—¿Cómo estás en España?—le he preguntado.
—Yo soy nacional-socialista—me dice—. Como otros muchos en Alemania llevaba mucho tiempo sin trabajo. Un día, los dirigentes de las Juventudes Hitlerianas nos ofrecieron un contrato para trabajar en España. Trescientas pesetas mensuales además de la comida y la ropa. Hace ya tres meses que llegué a Sevilla en un barco con tres compañeros más. En el Cuartel General de Sevilla, se nos controlaba de acuerdo con nuestra profesión, enviándosenos a los distintos frentes.
—¿Eres piloto?
—No. Soy oficial telegrafista. Manejo también la ametralladora.
—¿Cuantos tripulabais el aparato?
—Seis. Tres alemanes, un polaco y dos españoles.
—¿Era la primera vez que volabas sobre Vizcaya?
—También vine el domingo.
—¿Qué hicistes en estos tres meses?
—He volado sobre Madrid, hasta que órdenes superiores me trajeron al frente del Norte.
—¿Qué opinas de la aviación leal?
—Son valientes—responde lacónico.
—¿Y ahora?—le pregunto.
Hace un gesto de indiferencia. Se ve que lucha por aparecer tranquilo, sin conseguirlo. Hay en sus ojos azules una sombra de tristeza, parecida a la que se observa en las gallinas próximas al sacrificio. Con la vista fija en el suelo, contesta:
—Ya se que no saldré de aquí. Al principio creí que esto terminaría en seguida… todos lo creímos así.
Hemos quedado silenciosos. Se oye fuera el paso rítmico del centinela. Sentado en su camastro, el alemán ha imprimido a sus piernas un movimiento de péndulo.
Yo pienso en sus veinte años pletóricos de vida y lo veo llenos los ojos de nubes sangrientas, como un demonio que cruzase el espacio arrojando su carga mortífera sobre niños y mujeres. Tiene las manos blancas y grandes. Un solitario hace guiños a la luz. Parecerá una tontería, pero sus manos me son antipáticas.
—¿Has sentido miedo?—le pregunto.
—No, pero creí que me matarían en seguida.
—Ha costado gran trabajo evitarlo. ¿Por qué disparaste la ametralladora?
Se encoge de hombros sin contestar. Levanta la cabeza hasta fijar la vista en el techo y de nuevo sus piernas colgantes pendulan con precisión.
Se nota fuera el relevo de la guardia. Es preciso terminar la entrevista. Fuertes pisadas resuenan en los pasillos. Confieso que tengo miedo de mi audacia.
Karl me mira un momento y luego me pregunta:
—¿Me matarán?—Parece haber indiferencia en la pregunta y sin embargo sobrecoge como si una ráfaga de tragedia cruzase la habitación.
—No lo sé. Pero quien deja su hogar y su patria por ir a sembrar la muerte y el dolor entre los que ni siquiera conoce, no pagaría con cien vidas tanta maldad.
No sé si me ha comprendido. En su mirada se refleja una estupidez absoluta.
Al salir me encuentro molesta. Quisiera hablar de la crueldad de la guerra, de la sangre vertida, de nuestro heroísmo etc.; pero seis meses largos de guerra han agotado el repertorio. Y para no decir nada nuevo, prefiero terminar.
Que cada cual haga el comentario que mejor le parezca. Yo ya hice el mío.


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Un respiro en la batalla de Sollube,
6 al 14 de mayo de 1937

Un respiro durante la batalla de Sollube, 1937

Un respiro durante la batalla de Sollube. 6 a 14 de mayo de 1937

Combatiente vasco toma un respiro durante la batalla de Sollube (06 al 14 de mayo de 1937), en un caserío cercano al monte que da nombre a la batalla.

Fotografía tomada por Robert Capa.

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Disciplina roja,
17 de junio de 1937

Disciplina roja

Disciplina roja
Publicado en Domingo, el 17 de junio de 1937

Chiste gráfico de Diego Mullor, aparecido en la publicación del bando sublevado Domingo, del 17 de junio de 1937, en el que el dibujante muestra a los milicianos republicanos sucios, mal uniformados, desatentos e indisciplinados. Era la forma habitual con la que la propaganda del bando sublevado representaba, al comienzo de la guerra, a los combatientes republicanos, por entonces milicianos. Según fue avanzando la contienda, se les solía representar como salvajes sanguinarios y armados hasta los dientes, sobre todo con cuchillos o puñales, armas asociadas a las clases bajas o a los delincuentes.
Como nota curiosa, Mullor, malagueño pero que vivía y trabajaba en Melilla, caricaturizaba tanto europeos como norteafricanos, pero al comenzar la Guerra Civil y con el fin de ganarse la simpatía de los musulmanes, las autoridades melillenses retiraron de la circulación las postales con caricaturas de “moros”, tanto de Mullor como de otros artistas. Incluso se llegaría a denunciar a quienes poseían dichas postales. Esto hizo que muchas de ellas se perdieran al ser destruidas por sus propietarios.

Dani García


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