Historia crítica de la guerra en Euskadi (1936-37)

Historia crítica de la guerra en Euskadi (1936-37)
Pablo Beldarrain Olalde
Editorial Intxorta 1937 Kultur Elkartea, 2014

Esta Historia crítica de la guerra en Euskadi, escrita por Pablo Beldarrain, -Comandante de Gudaris-, da una idea detallada de las condiciones, medios, moral…, con que lucharon los batallones vascos. Todos ellos tenían en común el haber resistido y frenado la ofensiva de golpistas y fascistas: militares, requetés, falangistas y sus aliados alemanes, italianos, moros, dirigidos por Mola, escribiendo “lealtad” con su propia sangre en Arrate, Kalamua, Legutiano, Nafarrate, Albertia, Jainto, Gorbea, Asensiomendi, Murumendi, Motxotegi, Tantaibakar, Gurutxeta, Otxandiano, Durango, Arangio, Orduña, Seibigain, Barazar, Intxorta, Azkonabieta, Elgeta, Eibar, Karraskain, Santamarinazar, Marmiz, Gernika, Goraño, Sollube, Cota 611, Truende, Tollu, Gorbea, Bermeo, Bizkargi, Isuskitza, Ziardamendi, Zamalloa, Arroletza, Cota 333, Peña Lemona, Etxano, Las Arenas, Zugastieta, Unbe, Malbasin, Lañomendi, Artxanda…

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Caerán bajo la espada.

Higinio Carrocera. La lucha de un anarquista

Caerán bajo la espada
Fernando Romero
Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2015

Higinio Carrocera (Barros 1908-Oviedo 1938), el héroe del Mazucu, fue también un revolucionario, además de uno de los mejores y más valientes oficiales del Ejército Republicano durante la Guerra Civil Española. Este aspecto de su vida, el del luchador anarquista, ha quedado en un segundo plano, oculto bajo la aureola de triunfos y victorias militares frente a las tropas franquistas. Miembro activo de la FAI y de la CNT de La Felguera desde su primera juventud, fue un luchador sindical en la fábrica de Duro Felguera, un hombre de acción y un organizador nato, con un intenso protagonismo en todos los hechos revolucionarios que se produjeron en Asturias hasta el año 1936.
Inteligente, arrojado, honrado y tolerante, todos los que le conocieron han destacado sus valores humanos y su profundo idealismo, cultivado en el centro obrero La Justicia, en donde los trabajadores de La Felguera y sus hijos, se instruyeron en los ideales de la emancipación social.
Esta es la primera biografía de Higinio Carrocera Mortera y también la historia de una de las federaciones locales más importantes de la CNT, la de La Felguera, en la que en 1934 se instauró el comunismo libertario, se abolió el dinero y se pusieron las bases de una nueva sociedad, aplastada por la II República y luego por el Fascismo.

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La Batalla Olvidada

La Batalla Olvidada
Juan Francisco Fuertes Palasí y Carlos Mallench Sanz
Divalentis SL, 2006

La llamada Batalla de Levante es el episodio menos tratado en la historiografía de la Guerra Civil, una batalla menor, una “anécdota” periférica que —de manera deliberada en unos casos o inconscientemente en otros— ha sido siempre relegada. Podemos hablar sin un ápice de exceso de una Batalla Olvidada en la que los trascendentales sucesos de los frentes castellonenses han quedado disueltos, como desvinculados del necesario encadenamiento de la crónica de nuestra contienda. Huyendo de tediosos análisis estructurales y cuantitativos este libro pretende, siguiendo un modelo narrativo y ameno, recuperar para la Historia la llamada Batalla de Levante, una de las operaciones militares en la que más unidades se movieron, la que concentró a las más selectas unidades franquistas, la gran mayoría de sus capacidades de fuego, la práctica totalidad de sus generales, la que más estragos y destrucciones causó sobre las poblaciones y una de las que más víctimas militares y civiles provocó. La historia arrinconada de la resistencia en la sierra de Espadán, prácticamente a las puertas de Valencia, y que resultó ser clave para prolongar la agónica supervivencia de la República durante varios meses más.

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Combatientes Requetés

en la Guerra Civil española (1936-1939)

Combatientes Requetés
Julio Aróstegui
La Esfera de los Libros, 2013

Esta es la historia más completa de quienes combatieron en la Guerra Civil en las filas del carlismo. Julio Aróstegui realizó una exhaustiva investigación ¿ayudado en gran medida por la ingente documentación y los testimonios orales recogidos en los años cincuenta por los pioneros Ángel Lasala y Javier Lizarza?, para dar la visión más global sobre la actuación en conjunto de todos los tercios de requetés en la contienda de 1936-1939. Combatientes requetés en la Guerra Civil española se publicó por primera vez en 1991 y recibió el premio de la Fundación Hernando de Larramendi, esta es su nueva versión revisada a fondo por el propio Julio Aróstegui en uno de sus últimos trabajos, ampliada e ilustrada con numerosas fotografías inéditas.

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El Comienzo de la Guerra Civil en Euskadi.

A través de los documentos diplomáticos franceses

El comienzo de la Guerra Civil en Euskadi
Barruso Barés, Pedro; Jiménez de Aberásturi Corta, Juan Carlos
Obra Social Kutxa

Esta publicación ofrece al lector documentación -inédita en gran parte- elaborada por Jean Herbette, embajador de la República Francesa en España entre mayo de 1931 y octubre de 1937 que vivió en primera persona el comienzo y el desarrollo de la Guerra Civil en el País Vasco. Se incluye también una serie de capítulos introductorios con el objetivo de contextualizar al máximo esos documentos, así como aspectos de la biografía de J. Herbette. El libro contiene además una selección de fotografías de la época que provienen principalmente de la Fototeca Kutxa.

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Credere, Obbedire, Combattere.

Fascistas italianos en la Guerra Civil Española

Credere, Obbedire, CombattereDimas Vaquero Peláez
Mira Editores, 2007

Durante la Guerra Civil española se produjeron dos intervenciones italianas, una en cada bando contendiente: la de los voluntarios antifascistas que no dudaron en alistarse para defender la República y luchar contra el fascismo, y la de los legionarios fascistas enviados por Mussolini y que resultaron decisivos para el triunfo final de Franco.
El presente libro trata sobre la intervención de los legionarios fascistas. Unos 75 000 legionarios fascistas italianos sin escrúpulos pusieron en práctica los lemas fascistas de Credere, Obbedire, Combattere y el de Agredire per Vincere. Una parte de ellos creían ciegamente por lo que luchaban y obedecieron hasta sus últimas consecuencias en el combate. Otros fueron simples mercenarios que en situaciones difíciles se olvidaron de su credo y de su obediencia al Duce para pensar ante todo en sus vidas y en sus familias.
Su colaboración humana y material con el bando franquista resultaría decisiva para la victoria de los llamados nacionales; solo una escandalosa derrota, la de Guadalajara, les llevaría a ser objeto de burla en los dos bandos contendientes. Pero si decisivo fue su apoyo al general rebelde para la victoria, de escándalo se puede calificar el simultáneo apoyo clandestino de víveres que hizo a la República en los momentos más decisivos para esta.
Casi cuatro mil legionarios del duce dejaron en España sus vidas, originándose una amplia red de cementerios con soldados italianos, espacios de muerte y lugares de memoria que el franquismo supo aprovechar como soporte material de gran carga ideológica y justificar en ellos el levantamiento militar, convirtiendo a estos muertos en mártires por la religión y la “Nueva España”. Será el “Sagrario Militare” de Zaragoza el lugar más emblemático de estos espacios de muerte y memoria. Fue concebido por Mussolini para reagrupar en su Torre Osario los cuerpos de los caídos fascistas italianos. Hoy día se pretende que sea el monumento funerario a “todos los italianos” que dejaron en España sus vidas, fascistas y antifascistas.

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Días de plomo: Gallegos en la defensa de Donostia, julio de 1936
(II parte)

En Bilbao la intentona golpista había sido controlada sin demasiadas complicaciones por el gobernador civil, el pontevedrés José Echeverría Novoa. Conocedores allí de los combates desarrollados en las calles donostiarras, se solicitan voluntarios para integrar una columna que acuda en ayuda de la capital gipuzkoana. Éstos deben presentarse en un instituto bilbaíno frente a Correos. Finalmente parten 166 hombres; a su frente un gallego, Justo Rodríguez Rivas. Natural de Verín (Ourense), era guardia de asalto con grado de teniente. Descabezada la rebelión en Bilbao, la duda sobre sus verdaderas inclinaciones políticas dieron con sus huesos en una celda. Avalado por el Teniente Coronel Gabriel Aizpuru y por Francisco Ciutat, es puesto en libertad y se le encomienda la dirección de la citada columna.(1)

Salen la mañana del día 22 de julio, de camino se desvían a Mondragón porque el destacamento local de la guardia civil se ha sublevado y se niegan a abandonar el cuartel; Justo Rodríguez se aproxima y parlamenta con el oficial al mando consiguiendo que depongan su actitud y se unan a la columna. Precisamente en esta población coincide con Augusto Pérez Garmendia y enseguida ponen rumbo a Donostia junto a un tercer grupo que desde Eibar salva el trayecto en ferrocarril.(2)

Llegados a las cercanías de la ciudad se decide penetrar por dos puntos mientras el tren continúa hasta la Estación del Norte. Justo Rodríguez se abre paso por Aldapeta; en vanguardia un blindado artesanal con milicianos gallegos de Trintxerpe avanza por la calle Urbieta, recibe el impacto de un mortero que lo hace volcar, sus ocupantes corren ilesos a resguardarse.

A su vez Pérez Garmendia hace aparición por Miraconcha y la calle San Martín sorprendiendo a los rebeldes que se ven obligados a pasar a la defensiva. El tren de Eibar se detiene en la estación, los milicianos se precipitan fuera y son recibidos por la ametralladora sita al final de la calle Iztueta, hay algunas bajas vistas y las milicias quedan fijadas en el andén.

Casino de San Sebastián después de los combates

Casino de la ciudad (actual ayuntamiento) después de los combates.
Fotografía tomada de http://www.donostia.org/

Los combates se recrudecen y Pérez Garmendia se hace cargo de las operaciones, para ello enlaza con los responsables de la CNT y establece el puesto de mando en los bajos del número 47 de la calle Easo.(3) Tras sucederse unas horas más de combates los rebeldes optan por retirarse, algunos consiguen alcanzar los cuarteles, mientras otros se atrincheran en diferentes edificios de la ciudad en espera de ser auxiliados por sus camaradas de armas: El Casino, el Club Náutico, la Equitativa, el Gobierno Militar, el Círculo Easonense y el Hotel María Cristina. Pasado el meridiano del día, las milicias se dedicarán a sofocar los núcleos que todavía resisten.

En el puerto de Pasaia permanece atracado el Torpedero Nº3 de la marina, milicianos de Avance Marino, de UGT y del PC lo abordan y toman el control del mismo ante la pasividad de la tripulación y del teniente Amador González.(4) Persuaden al oficial de la conveniencia de poner rumbo a la bahía de la Concha y hostigar las plazas ocupadas por los rebeldes, éste se niega tajante, no quiere responsabilizarse de los posibles daños colaterales que pueda causar el ataque. Entonces Juan Varela, secretario de Avance Marino extiende un documento firmado donde exime al teniente de toda culpa recayendo en su persona toda responsabilidad.(5) El torpedero enfila proa hacia la isla de Santa Clara y abren fuego contra el Club Náutico y el Casino con parco resultado. Las baterías de Ametzagaña los obligan a retirarse.

La tarde avanza inexorable y los focos de resistencia son sofocados, bien porque son tomados al asalto (como es el caso del Casino) o porque son abandonados o sus ocupantes enarbolan bandera blanca. Todos excepto el hotel María Cristina que continúa aguantando las embestidas de los milicianos. Las ametralladoras rebeldes son dueñas absolutas del paso del puente del Kursaal donde permanece abandonado un camión blindado con sus dos ocupantes muertos; incluso se ha intentado aproximar un camión cisterna de la CAMPSA para rociar el hotel con gasolina.(6) El plan se frustró con la muerte del conductor cuando enfilaba el camión hacia las verjas del hotel.

Nuevamente entran en liza los pescadores gallegos con el Torpedero Nº 3, esta vez desde la desembocadura del Urumea, el objetivo es obviamente el hotel. No consiguen alcanzar el objetivo pero algunos proyectiles impactan contra el Teatro María Eugenia donde las milicias del Frente Popular se guarecen. Garmendia es tajante y ordena que se retiren. La participación del torpedero causó una fuerte impresión a los sitiados y comenzó a abrirse una brecha en la moral. Al cabo de unas horas sábanas blancas son descolgadas de las ventanas, el hotel se rinde.

Tras la caída del hotel la Estación del Norte y La Equitativa son abandonados; la ya famosa ametralladora de la calle Iztueta es silenciada con una pieza de artillería que consigue que sus servidores la abandonen a su suerte.

La ciudad queda en manos de las organizaciones obreras que enseguida se afanan en plasmar, por un breve período de tiempo, sus teorías sociales. Pero una preocupación mayor viene a canalizar los esfuerzos del Frente Popular; los cuarteles de Loyola y las alturas inmediatas todavía representan un peligro real que deben atajar de inmediato.

Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe

Milicianos durante los combates en el cementerio de Polloe.
Fotografía en http://www.donostia.org/

El 24 de julio las milicias comienzan a hostigar las posiciones rebeldes que son rodeadas; se asalta el cementerio de Polloe donde Justo Rodríguez dirige a las milicias entre las cuales hay numerosos marineros de Trintxerpe. Las milicias son contenidas por los tiradores de élite, las bajas son cuantiosas por lo que el ataque se paraliza, ocupándose diferentes posiciones en torno a los cuarteles, a Polloe y Ametzagaña. Se corta el suministro de luz y agua del cuartel.

El 25 se opta por cambiar de táctica, un viejo avión apodado el “Abuelo” deja caer sobre los cuarteles octavillas con mensajes de los familiares de los soldados, algunos desertan cuando van a hacer la aguada.

El día 26 se asaltan simultáneamente el alto de Ametzagaña y el cementerio de Polloe(7); en la refriega en el cementerio el teniente de asalto Justo Rodríguez Rivas es herido de gravedad en el vientre. Luis Arbella también se encuentra en el mismo lugar, esto es lo que nos cuenta:

Estábamos nosotros allí en posiciones (en el cementerio de Polloe), y un buen día sacaron ellos una bandera blanca para parlamentar. Íbamos a ir: entre ellos Antxon Andonegui, yo y algunos más y los militares no dejaron, porque tenían que ser ellos los que tenían que ir a parlamentar. Y efectivamente salió (¿Cómo se llamaba aquel Teniente de Asalto?¿Cómo?). No me acuerdo. Bueno salieron tres y cuando estuvieron a huevo, como generalmente se dice, ellos tiraron y nos mataron a alguien. Iban a parlamentar y los mataron en el camino.(8)

Justo Rodríguez no fallece allí mismo, si no que es trasladado al Hospital San Ignacio donde muere pocas horas después.(9) Posteriormente el cuerpo será trasladado a Bilbao donde se oficiará el sepelio con la presencia de autoridades.(10)

Los combates se suceden en los alrededores del cuartel, un avión gubernamental entra en liza y arroja dos bombas que causan graves desperfectos en uno de los muros de los cuarteles. El ataque exaspera a Vallespín que quiere a toda costa enviar un escrito en tono amenazador a las autoridades civiles, pero se topa con la oposición de la oficialidad, a cuya cabeza Carrasco junto al comandante Herce son de la opinión de tomar una actitud más conciliadora invitándoles a parlamentar. Finalmente consiguen imponerse bajo la condición de que los receptores fuesen los diputados, ya que para Vallespín eran la única autoridad civil que consideraba legítima.

A la mañana siguiente se decreta un tenso alto el fuego y en el puente de ingreso a los cuarteles se encuentran ambas partes. Por parte de los militares hacen acto de presencia el coronel Carrasco, el teniente coronel Vallespín y el comandante Herce; de parte de las autoridades civiles acuden a la cita los diputados Miguel Amilibia (PSOE), Irazusta, Manuel de Irujo, Picabea y Lasarte (todos del PNV).

Los diputados exigen la rendición incondicional; Vallespín obviamente se niega tajante a aceptar estas condiciones “Eso es: que el ratón imponga condiciones al gato.(11) Los diputados dan un tiempo a los militares para que reflexionen sobre lo propuesto o para que aporten otras sugerencias que se puedan tener en cuenta.

La moral de los sitiados no vive sus mejores momentos, Vallespín se encuentra solo una vez más, la mayoría de los oficiales se inclinan por capitular y la idea de intentar una salida para enlazar con los navarros es desechada porque no confían en la lealtad de la tropa una vez fuera. Vallespín huye a las 6:30 horas de los cuarteles y se refugia en el cercano monasterio de Uba (desde donde es testigo de la rendición), más tarde en Astigarraga un coche lo conducirá a Pamplona.

Milicianos de la CNT en el asalto al cuartel de Loyola

Milicianos de la CNT haciendo acopio de armas tras la toma de los cuarteles.
Fotografía en Archivo CNT

Aprovechando al confusión inicial, miembros de la CNT introducen camiones por la parte posterior de los cuarteles y se hacen con un botín de 1.400 fusiles y municiones que almacenaron en el cuartel que los gallegos pasaitarras tenían en Bidebieta.(12) Esta acción no sienta nada bien a sus aliados que exigen la repartición de los fusiles; la CNT se niega alegando que cuando se tomó el hotel María Cristina fueron excluidos del reparto de armas.

La presencia de gallegos en los combates registrados en la capital gipuzkoana entre los días 22 y 28 de julio de 1936 en las filas, mayormente de la CNT, es destacada. Al contingente galaico del sindicato trintxerpetarra Avance Marino ya de por si elevado, hay que sumar la llegada de al menos dos barcos pesqueros a Pasai-San Pedro que venían huyendo de Galicia. Desconocemos el puerto de partida, pero recientes estudios de Dionisio Pereira apuntan que antes el 22 de julio hay localizadas dos fugas por mar desde la provincia de A Coruña.(13) Cuatro tripulantes de estos pesqueros resultaron fallecidos durante los combates donostiarras: Manuel Ramos Sanpedro, José Lage Iza, Serafín Ubeira y Clemente Queipo.(14)

Sergio Balchada


(1) Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978
(2) A su regreso a la capital guipuzcoana la columna estaba integrada por 3000 hombres, a los 166 voluntarios con los que había partido desde Bilbao el Teniente de Aslato Justo Rodríguez, se habían sumado 300 milicianos bilbaínos y 300 dinamiteros asturianos, además en la población se unieron más milicianos de la comarca del Deba, en Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
(3) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(4) Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
(5) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(6) Testimonio de Mateo Balbuena al autor en entrevista realizada e 3/06/2010 en Lezama (Araba)
(7) Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011
(8) Luis Arbella estaba afiliado a la UGT, más tarde entraría a formar parte del Bon. Rusia. Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
(9) Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
(10) Frente Popular, 25/07/1936.
(11) De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
(12) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(13) Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
(14) Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.


    Bibliografía

  • Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
  • Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011.
  • Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.
  • Chiapuso, Manuel; Jiménez de Aberasturi, Luis Mª. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
  • De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
  • Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
  • Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.
  • Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.
  • Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
  • Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.
  • Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
  • Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
  • Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
    Otras Fuentes

  • Hemeroteca de Koldo Mitxelena Kulturunea
  • Entrevista al miliciano comunista Mateo Balbuena el 03/06/2010.

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No busqué el exilio.

Semblanzas de una vida

No busqué el exilio. Semblanzas de una vidaFrancisco Gorritxo
Intxorta 1937 Kultur Elkartea, 2011

“Esta es la biografía de un Nacionalista Vasco perteneciente a la generación que resistió y peleó frente a la sublevación fascista. Testigo en primera persona de los acontecimiento que él mismo recogió y en calidad de Instructor de las Milicias Vascas primero, y de gudari después, nos muestra su recorrido por los frentes de Legutiano, Elgeta, Azkonabieta, Bizkargi, Peña Lemona y Artxanda entre otros. De teniente pasó a ser jefe de la 4ª Brigada de Infantería del Ejército del Norte. Su condición de exiliado en Iparralde, Chile, Uruguay y Argentina, no le doblegó, -muy al contrario-, siguió luchando por el reconocimiento de su lejana patria, Euskadi.
En varias ocasiones le prometieron publicar sus Memorias, pero no fue así. La razón principal puede ser que nunca quiso que fuesen recortadas. Han pasado 26 años desde que las concluyó y respetando su deseo, salen a la luz tal como él las escribió.”

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Días de plomo: Gallegos en la defensa de Donostia, julio de 1936
(I parte)

A partir de los años 20 se instala en la vecina población de Pasaia una importante colonia de marineros gallegos. Nace así el barrio pasaitarra de Trintxerpe y con él el sindicato Avance Marino integrado en la CNT y donde los pescadores galaicos van a aglutinar fuerzas en contra de las terribles condiciones laborales de las que son víctimas.

En mayo de 1936 los trabajadores del mar del puerto de Pasaia inician una huelga que se enquistará ante la negativa de la patronal a ceder ni un ápice en las demandas de sus asalariados y la negativa de éstos a reincorporarse a sus puestos de trabajo.

Por aquel entonces, solicitaban los marineros 375 pts. al mes, con una gratificaciónde 50 pts. para los que iban a los caladeros más lejanos, en razón de la subida de un 3% en los precios de las subsistencias; Bolsín de Trabajo establecido y controlado por los sindicatos, para terminar con los favoritismos y la especulación con el empleo; incremento de las tripulaciones de los bous y de las parejas, para reducir las jornadas laborales que estaban entre las 15 y las 18 horas; cumplimiento efectivo de los descansos; un mes de vacaciones pagadas; mejora de las condiciones sanitarias,de seguridad y de habitabilidad de los barcos…(1)

La huelga se mantiene todavía activa a mediados de julio cuando las guarniciones africanas se sublevan contra el gobierno. El día 18 de julio Miguel González Inestal, secretario del sindicato trintxerpetarra, acude al Gobierno civil a reunirse con el gobernador Jesús Artola Goicoechea con el que está negociando el fin de la huelga; la entrevista es interrumpida por el coronel León Carrasco, a la sazón jefe militar de la provincia. El coronel asegura que su lealtad y la de sus hombres están con el gobierno constituido en las urnas. Una vez el coronel abandona el despacho de Artola, Inestal telefonea a la sede del sindicato Avance Marino la consigna es que se preparen para lo que pueda suceder.

Pescadores en una lonja de Pasaia

Pescadores en una lonja de Pasaia
(archivo Kutxa Fototeka)
En Pasaia el sindicato Avance Marino comienza a movilizar a su gente y se forman patrullas armadas que se sitúan en puntos estratégicos de la población con la tarea de pedir la documentación y detener y registrar los coches que circulan por la calzada. También acuden a Rentería gentes de Trintxerpe en labores de vigilancia y cacheo.

El foco principal fue Trincherpe, un barrio de Pasajes, y costó cierto tiempo reducirlos a la impotencia. (…). Honradamente he de decir que en Rentería, aparte de crear una situación de inseguridad, atemorizar a honrados ciudadanos y pedir documentación, no hicieron nada más. Sin embargo crearon un ambiente sumamente desagradable.(2)

El palacio de Salinas es incautado por los gallegos pasaitarras y en el se instala una fábrica de explosivos.(3) En los talleres Luzuriaga y Torrea de Pasajes San Pedro(4) se blindan camiones para enviar al frente. Estos blindados artesanales no eran más que camiones o camionetas recubiertos de planchas de metal, a las que se practicaban unas aberturas por las cuales sacar el cañón de los fusiles y la correspondiente para el conductor. Uno de estos blindados partió de Pasaia el día 22 de julio en dirección a Tolosa en una descubierta; en la carretera se topan con una avanzadilla enemiga y en la refriega éstos últimos salen victoriosos. Sus tripulantes fueron fusilados in situ(5) al socaire de la “justicia caliente” que se aplicó rigurosamente en ambos bandos durante el verano del 36.

Desconocemos cuantos milicianos ocupaban el camión, al menos sabemos que uno de ellos se llamaba Manuel Gil García e ingresó cadáver el mismo día 22 en el Hospital Civil de Pasajes. Era vecino de Trintxerpe donde se ganaba la vida como marinero, pero natural de Marín (Pontevedra) y tenía 31 años.(6)

Con la cercanía de los cuarteles de Loyola donde la tropa permanecía acantonada, la capital gipuzkoana no podía respirar tranquila. Por otro lado, las fuerzas civiles afines a la sublevación comienzan a reunirse en el interior del Buen Pastor la madrugada del día 19 en espera de los militares que habían prometido armarlos.

Esa misma madrugada el coronel Carrasco se ve sitiado por grupos de izquierdistas armados en el edificio del Gobierno Militar; sin saber muy bien cómo alguien abre fuego contra el edificio y se entabla un intercambio de disparos. El coronel telefonea al Gobierno Civil informando del ataque y reiterando su adhesión al gobierno de la República. El tiroteo arrecia y esta vez el militar telefonea a los cuarteles solicitando refuerzos. En su auxilio parten dos blindados bajo las órdenes del teniente Leoz; la columna de socorro es recibida a tiros a su paso por el Boulevard siendo alcanzado mortalmente un soldado.(7) Ante la ausencia de Carrasco el teniente coronel Vallespín intenta convencer a la oficialidad que permanece dubitativa pero no logra su objetivo frustrando así que tomen la iniciativa y se hagan con la ciudad fácilmente.

El nerviosismo crece entre los elementos civiles comprometidos con la trama golpista; la mañana del 19 todavía continúan aguardando que los militares se subleven; las patrullas de izquierdistas armados no les auguran un futuro prometedor si son identificados. Que los militares no van a acudir a la cita se hace evidente; por lo tanto deciden abandonar el Buen Pastor, algunos acuden a los cuarteles; otros en cambio tratan de enlazar con las columnas de requetés que avanzaban hacia la capital o en su defecto alcanzar la muga con Navarra.

A lo largo de ese día las milicias prosiguen estableciendo controles de vigilancia y el cuartel de la Guardia de Asalto de “La Brecha” es acometido para hacerse con las armas que hay en su interior.

El día 20 de julio el Comandante del Estado Mayor Augusto Pérez Garmendia   arriba a Donostia, va camino de Oviedo tras conocer las noticias en su lugar de vacaciones en Francia, para presentarse ante el general Aranda su inmediato superior. Los responsables del Frente Popular le proponen su inclusión como jefe militar de las milicias populares; la carestía de mandos competentes era alarmante. Pérez Garmendia acepta el puesto y una de las primeras medidas que se adoptan es la formación de una columna que se dirija a Vitoria donde el alzamiento ha triunfado, uniéndose previamente a otra columna de Eibar que debe llevarles armas. Junto a esta tropa miliciana se quiere reforzar la expedición con soldados del cuartel de Loyola. Carrasco promete colaborar con una compañía y baterías. Ordena al teniente Presilla que se haga cargo de preparar una compañía de Zapadores y 2 baterías de 155 mm; y que se una la mañana del 21 con la columna.(8)

En la columna se quiere incluir tanto a los gallegos de Trintxerpe como a los que han llegado huyendo de su tierra en barco después de enfrentarse en vano contra los sublevados. A los primeros se les temía por su condición de anarquistas de armas tomar; a los segundos por las noticias que traían de la brutal represión desatada en Galicia y que iban exaltando los ánimos.

Entre otras ventajas que nos proporcionaba la expedición, era una de ellas la de retirar de la ciudad, del puerto y de la frontera a unos cuantos cientos de gentes extrañas al País, singularmente gallegos, que imprimía un sello de violencia exótico e inconveniente a nuestra causa, que era la defensa de la República (…)Realmente controlábamos mal a aquellos grupos armados, extraños y pintorescos que daban un tinte extraño a la amable vida guipuzcoana y al carácter y maneras de producirse del país.(9)

A pesar de la alarma suscitada no se conocen actos de vandalismo o asesinatos perpetrados por los anarquistas gallegos.

El 21 a las 10 de la mañana la columna compuesta por 60 camiones inicia la marcha sin que los militares hayan hecho acto de presencia. El teniente coronel Vallespín presenta una serie de evasivas excusando la presencia del contingente de militares; no obstante añade que tan pronto puedan saldrán a reunirse con las milicias. Si hacemos caso a las cifras manejadas por Manuel de Irujo en sus memorias, la columna estaba integrada por alrededor de 5000 milicianos donde “tal vez una mitad aproximada, hablaban castellano con tono gallego.(10) La marcha de los camiones por las calles iba acompañada de gritos revolucionarios y banderas rojinegras; en verdad debió de ser un espectáculo que puso los pelos de punta a los sectores conservadores de Donostia.

Vacía la ciudad de considerables fuerzas izquierdistas Vallespín consigue hacer valer su criterio y declara el Estado de Guerra en toda la provincia. Asegura las alturas inmediatas a los cuarteles asegurando al mismo tiempo los accesos desde la ciudad. En Ametzagaña sitúa 2 piezas de 155 MM y despliega una compañía al mando del capitán Álvaro Padilla que también ocupa el manicomio de Uba. En el cementerio de Polloe y el convento de las Hermanitas de la Caridad se despliegan 100 hombres a cuyo frente está el capitán Miquel; entre esta tropa hay tiradores de elite. (11)

Barricada en el barrio de Amara

Una de las barricadas en el barrio de Amara
(CDMH Salamanca, fondo Erich Andres)

Vallespín telefonea al Gobierno Civil e insta a las autoridades a que se rindan bajo amenaza de bombardeo de la ciudad.(12)En la ciudad la actividad es febril y se comienzan a montar las primeras barricadas en los accesos a la ciudad y en las bocacalles de las principales arterias de la ciudad. Esa noche el comandante Velasco, siguiendo el curso del Urumea llega hasta el puente de Hierro con 2 blindados y una heterogénea tropa de soldados, guardias civiles, guardias de asalto y carabineros.(13) La ciudad los recibe con las calles sumidas en la completa oscuridad, dudan; temen una emboscada. El capitán Velasco regresa sobre sus pasos.

Así llegamos a la madrugada del 22 de julio. El capitán de artillería Joaquín Arana sobreviene sobre la ciudad con 800 hombres entre soldados, fuerzas del orden y paisanos pertrechados con correajes y uniformes; un blindado y morteros.(14) Los rebeldes penetran por el barrio de Amara y progresan por las calles Urbieta y Prim; las primeras escaramuzas tienen lugar en las inmediaciones del teatro de Bellas Artes con elementos de la CNT que se van replegando hacia la calle Larramendi donde se ubican los locales del sindicato y se han levantado barricadas. Es en esta zona donde la CNT articula un entramado defensivo apoyándose en los citados locales; en las escuelas de Amara y en las azoteas de los edificios de la manzana(15) que resultó eficaz y detuvo el avance de los rebeldes. Los combates se enquistan durante toda la mañana, por momentos revistan cotas de una dureza sorprendente; el control de las azoteas desde las que los anarquistas lanzan explosivos caseros es crucial para el desenlace del combate; se reciben refuerzos por parte de elementos comunistas y socialistas que no acaban de decantar la balanza hacia el lado de las milicias.

En el éxito de la enconada resistencia de los combates tuvo mucho que ver el sindicato Avance Marino; hasta en dos ocasiones se desplazó Félix Liquiniano al local del sindicato procurando en su primer viaje “Algunas botellas incendiarias y algunos cartuchos de dinamita con la mecha preparada.(16) Una vez agotado el arsenal, Liquiniano regresa a Trintxerpe donde es testigo de la febril actividad que las mujeres de los pescadores tienen entre manos: “las mujeres continúan afanándose unas en la elaboración de explosivos rudimentarios; mientras otras se dedican a las labores de recolección de botellas para llenar de gasolina.(17)

Mientras los combates se suceden en la calle Larramendi, una porción de la columna rebelde se desgaja del grueso y toma posiciones en los jardines de la estación del Norte, situando una ametralladora al final de la calle Iztueta la que mantiene en jaque durante horas a las fuerzas populares que se mueven por los accesos al barrio de Atotxa.(18)

Sergio Balchada


(1) Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.
(2) Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.
(3) Carballo Quiroga, Jesús. Memorias. Inéditas.
(4) Carballo Quiroga, Jesús. Memorias. Inéditas.
(5) Ibídem.
(6) Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
(7) Se trata del ingeniero Sangenís, en Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
(8) Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
(9) De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978. Desde el principio de la contienda la máxima preocupación del PNV fue la de mantener el orden en retaguardia y no permitir desmanes.
(10) De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978. Esta cifra que nos da Irujo se antoja hinchada por el autor; o bien fue tanta la impresión que le causó el desfile de los 1800 milicianos reforzados con 1 secc. De la guardia civil y otra de carabineros, esta última estimación en: Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008
(11) Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978. estos tiradores de elite estaban casualmente de paso por los cuarteles camino de un concurso de tiro entre regimientos. Pronto se revelarían muy eficaces.
(12) De hecho Vallespín ordena a las piezas de Ametzagaña que disparen al mar. La impresión debió ser enorme ya que del Gobierno Civil salieron a la carrera los responsables del Frente Popular.
(13) Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.
(14) Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
(15) Chiapuso, Luis Mª; Jiménez de Aberasturi, Manuel. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
(16) Ibídem.
(17) Ibídem.
(18) Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.


    Bibliografía

  • Aguirregabiria, Josu M.; Tabernilla, Guillermo. El Frente de Álava. I Parte. De la Sublevación a Vísperas de la Batalla de Villarreal. Bilbao, 2008.
  • Azurki, Aitor. Maizales Bajo la Lluvia. Testimonios de los Últimos Gudaris y Milicianos de la Guerra Civil en Euskadi. Irún, 2011.
  • Barruso Barés, Pedro. Verano y Revolución. La Guerra Civil en Guipúzcoa. Donostia, 1996.
  • Chiapuso, Manuel; Jiménez de Aberasturi, Luis Mª. Los Anarquistas y la Guerra en Euskadi. San Sebastián, 2009
  • De Irujo, Manuel. “La Guerra Civil en Euzkadi antes del Estatuto”. Madrid, 1978.
  • Estévez, Xosé; Otaegui, Marta. Protagonistas de la Historia Vasca (1923-1950). Ciclo de mesas abiertas 21-31 de mayo de 1984. San Sebastián, 1985.
  • Ibarzabal, Eugenio. Koldo Mitxelena. Donostia, 2001.
  • Muñoz Echabeguiren, Fermín. San Sebastián. Los Años Trágicos. 1934-1936-1939. Donostia, 2006.
  • Pereira, Dionisio. Loita de Clases e Represión Franquista no Mar (1864-1939). Vigo, 2010.
  • Pereira, Dionisio. El Trintxerpe Republicano: Génesis de la Denominada “Quinta Provincia Gallega”. Revista de Estudios Marítimos del País Vasco, nº5, pp. 737-743. Donostia, 2006.
  • Portugal Arteaga, Xavier. Pasaia 1931-1939. La Memoria de los Vencidos. Pasaia, 2007.
  • Tabernilla, Guillermo; Lezamiz, Julen. Cecilia G. De Guilarte, Reporter de la CNT. Bilbao, 2007.
  • Talón, Vicente (Dir.). Vizcaya, Guipúzcoa, Álava. La Hora de la Verdad. En Memoria de la Guerra en Euzkadi, nº13; extras Defensa, Nº 39. Madrid, 1978.
    Otras Fuentes

  • Hemeroteca de Koldo Mitxelena Kulturunea
  • Entrevista al miliciano comunista Mateo Balbuena el 03/06/2010.

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Al infierno o a la gloria.

Vida y muerte del ex cónsul y espía Wilhelm Wakonigg en Bilbao. 1900-1936

Al infierno o a la gloriaIngo Niebel
Alberdania, 2009

“Cementerio Municipal de Bilbao, 19 de noviembre de 1936. El pelotón de ejecución apunta a Wilhelm Wakonigg, el empresario que había sido cónsul honorífico de Austria y Hungría en la capital vizcaína durante la Primera Guerra Mundial. En los inicios de la Guerra Civil, Wakonigg había protagonizado el más famoso caso de espionaje que se ha producido en el territorio controlado por el Gobierno Vasco.
El historiador José Luis de la Granja afirma: “El juicio del Tribunal Popular que tuvo mayor resonancia, por afectar a dos diplomáticos extranjeros, fue el llamado “caso Wakonigg”, que sirve de muestra para valorar la justicia ejercida por dicho tribunal”:
Este libro reconstruye por primera vez con rigor este histórico caso de espionaje, siempre a partir de documentos de la época que se hallan dispersos en archivos vascos, españoles, alemanes y austríacos. El autor, con un pulso narrativo nítidamente periodístico, relata también cómo se creo cierta imagen de Wakonigg después de su fusilamiento a causa de las versiones ofrecidas por el periodista británico George L. Steer y el Gobierno de Euzkadi.
En la obra queda, asimismo, detallada constancia de la actuación de Wakonigg a favor de altos cargos falangistas y de las circunstancias que condujeron al apresamiento del ex cónsul con un maletín repleto de material altamente comprometedor. Tampoco escapan a la mirada del autor las consecuencias políticas que para el Gobierno Vasco y el PNV comportó el “caso Wakonigg”.

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